Pero la historia también revela otro Don Tomás. El 20 de
abril de 1902 desembarcó en la zona oriental de la isla para
iniciar
una gira que culminaría con su entrada triunfal en La Habana tres
semanas después. Esta marcha cívica puso de manifiesto la
extraordinaria acogida popular a la república y a Don Tomás.
Dondequiera que iba ``el pueblo en masa compacta'' lo recibía con
``sinceras ovaciones y vítores entusiastas''. La ciudadanía
colmaba al presidente con flores y banderas. Según un testigo de la
época, ``no había un cubano que no quisiera adquirir, por
sus
propios ojos, la certeza de que viajaba, para tomar posesión de su
cargo, el Presidente de la República. ¡Se había
acariciado por tantos años ese ensueño! ¡Se
habían sufrido tantos dolores para lograrlo!''. Nunca más
hasta el 1ro. de enero de 1959 el pueblo cubano manifestaría una
alegría comparable.
La marcha cívica fue un performance fundacional. El trayecto en
sí fue posible porque Cuba, por el azúcar, ya contaba con
una
red de comunicaciones modernas. Su extensión geográfica
rindió tributo al hecho de que la independencia había
movilizado al país completo.
Cuba no ha sido ni es de todos y entre nosotros ha habido y hay demasiadas
exclusiones.
A cada paso, en cada desfile y en cada banquete, se constataba un
esfuerzo organizativo impresionante. En Santa Cruz del Sur, veinte
carrozas
alegóricas de la historia de Cuba desfilaron ante la comitiva
presidencial. En los muelles de la hermosa bahía de Cienfuegos, el
Círculo de Artesanos le ofreció al presidente un exquisito
almuerzo criollo.
La reconciliación era el punto de partida. ``En el amplio camino
que nos abre la República debemos entrar todos sin
distinción
alguna, descartando políticas y odios personales para salvar la
Patria'', dijo ante la colonia española de Santiago. Estrada Palma
y
Masó se abrazaron en Yara y juntos honraron a Carlos Manuel de
Céspedes. Banderas cubanas, estadounidenses y españolas se
entralazaban en manos del pueblo en todas partes. La patria sería
de
todos. Los obreros le escucharon decir: ``El apoyo del pueblo trabajador y
honrado es la base de nuestra futura felicidad''. Con Don Tomás
viajaban ``tres caballeros de color'' y en Bayamo se retrató
tomando
un refresco típico que la negra Ma Ramona le había ofrecido.
Cuba, sostenía el presidente, lograría una república
civilista, sin caudillos, y el buen gobierno relegaría la Enmienda
Platt.
El 11 de mayo Estrada Palma entró en La Habana a bordo del buque
Julia. Más de 70,000 habaneros abarrotaban las calles. Bandas
municipales de todo el país aguardaban al presidente. Cuando el
Julia entró en el puerto y se alzó la bandera en el Morro,
todas las bandas y todas las voces entonaron el himno nacional.
``Jamás buque alguno entró en nuestro puerto con más
solemnidad ni mayor gloria''. A las 9:40 de la mañana, Estrada
Palma
pisó tierra habanera.
Otra, tristemente, fue la posterior historia del país, ya que
Cuba no ha sido ni es de todos y entre nosotros ha habido y hay demasiadas
exclusiones.
Aún así, acojamos la marcha cívica,
incorporémosla a nuestra memoria nacional, remontémonos a
ese
mayo de 1902, cuando la desilusión aún no se había
apoderado de los cubanos y sintamos la felicidad de las ``aclamaciones
delirantes y los aplausos prolongados'' a la república y a Don
Tomás.
Valoremos como es debido que fue un civil el primero en entrar a La
Habana
luego de haber recorrido la isla de Oriente a Occidente.
Mayo de 1902: la marcha cívica de Tomás Estrada
Palma