Publicado el jueves, 25 de marzo de 1999 en El Nuevo Herald

SOREN TRIFF

Socialdemócratas frente al pasado

La Internacional Socialista (IS) se reúne en México para discutir la dirección de los ideales socialistas en un mundo cada vez más dominado por una economía global y las teorías neoliberales. Las ideas de la socialdemocracia parecen haber triunfado sobre el revolucionarismo populista y su versión dura: el marxismo-leninismo. Sin embargo, en La Habana Vladimiro Roca, el líder de los socialdemócratas isleños, está condenado a cinco años de prisión por ser uno de los autores de un documento crítico al socialismo de Fidel Castro.

Algo más, el gobernante cubano, sin querer, acaba de convertirlo --al recibir la condena más fuerte entre los tres opositores condenado junto a él-- en la figura política más importante del país. Esta situación es paradójica. Los socialdemócratas no quieren revisar públicamente su apoyo a Castro mientras uno de ellos yace en una cárcel socialista. Todo se debe a la renuencia a enfrentarse al pasado.

La exigencia de libertad incondicional para los opositores condenados injustamente por Castro podría servir para reconciliar a los socialistas con el lado oscuro de su historia.

No se trata de haberse equivocado con Castro, sino de enmendar lo que se ha hecho mal. Sólo eso volvería a otorgarles autoridad moral a unos individuos, unos partidos y unas ideas tan vapuleadas por los experimentos sociales en este siglo.

Hay razones para ser optimistas. Entre las voces más altas que piden la libertad incondicional de los opositores condenados, y que critican las medidas represivas del régimen, se encuentran miembros destacados de la izquierda de Europa y Latinoamérica.

En estos días hemos visto a la izquierda italiana, brasileña, chilena, sueca, unidas al reclamo internacional de libertad para los Cuatro de La Habana, quienes son, además de Roca, Marta Beatriz Roque, Félix Bonne y René Gómez Manzano.

Pero creo que el ejercicio debe ir más allá, hacia una acción conjunta en la que el socialismo aproveche la oportunidad para deshacerse de ese rezago estalinista de apoyo ideológico ciego, y nada mejor que respaldar una de las causas más justas de hoy: la libertad y democracia del pueblo cubano y de sus líderes encarcelados.

La operación que realizaba tradicionalmente Fidel Castro para tener a su favor a los socialistas era sencilla. El apoyar el discurso antiyanqui, antiimperialista, significaba un espaldarazo al régimen militar cubano. Era un apoyo ideológico en bloque, si se está de acuerdo con una parte tiene que estarse de acuerdo con todo. La versión posterior a la guerra fría que enarbola Castro en estos días, trata de conseguir la aprobación de los que se oponen al neoliberalismo y a la globalización con el mismo argumento ideológico. Manifestarse contra del neoliberalismo significa solidarizarse con su abanderado en La Habana, y afirmar todas las acciones y declaraciones del gobierno isleño, que además se declara socialista.

Otro sofisma con el que Castro ha coaccionado a la izquierda para obtener su respaldo, o al menos su silencio, es el argumento de no criticar para no darle armas al enemigo. Una variante de este silencio es el viejo adagio ``la ropa sucia se lava en casa''.

Finalmente viene el agradecimiento. ¿Quién que ha sido socialista, marxista, guerrillero, revolucionario, quién que ha sido joven en América Latina no está agradecido del apoyo material, moral simbolizado en la figura de Castro?

La izquierda debe revisar públicamente estos últimos rezagos ideológicos de su pasado, y colocarlos en una nueva perspectiva. La socialdemocracia no obtendrá el prestigio ni la credibilidad que debe hasta que no se distancie definitivamente del revolucionarismo y el populismo, como, según el Excélsior, declaró el escritor mexicano Héctor Aguilar Camín. No será vista claramente como una vía reformista, evolucionaria, democrática, de apoyo a las grandes masas y no al establecimiento de utopías dictatoriales ni experimentos de ingeniería social hasta que como ideología, como institución, se distancie de ese pasado. Y ese distanciamiento pasa por el rechazo público a Fidel Castro y el apoyo incondicional a los opositores dentro de Cuba.

Los opositores sí desean una sociedad democrática donde el socialismo democrático pueda ser una realidad política capaz incluso de conquistar el poder por las urnas.

La revolución cubana, el comunismo cubano, el socialismo cubano tienen el derecho --como sucedió en otros países del antiguo bloque soviético y en Latinoamérica-- de reciclarse en un estado democrático, una sociedad desmilitarizada, con un sistema judicial y legislativo independientes del Partido Comunista, en la que la libertad de expresión y la libertad de asociación permitan el juego político democrático, y donde los cubanos tengan derecho a poseer propiedad privada más allá de sus artículos de uso personal.

No creo que ningún socialista de los reunidos en México tenga nada que oponer a estos principios. No creo que ningún socialista apoye un gobierno que lo prohíba.

Si es así, es hora de que se pongan de pie y le digan públicamente a Castro ¡Basta!, y echen a andar.


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