El centro neurálgico de este corredor biológico es el
Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB),
en Avenida 31 entre 158 y 190, Cubanacán, Playa. Visto desde el
exterior, este moderno edificio parece un hospital o una moderna planta de
electrónica o computación. Oficialmente, el CIGB es la joya
de la industria biotecnológica y farmacéutica de Cuba. Pero
en sus entrañas, más allá de los niveles de seguridad
1, 2 y 3, tras el nivel 4 de seguridad, dicen los expertos rusos y
norteamericanos, se han desarrollado algunas de las armas
bacteriológicas más mortíferas del planeta.
Hasta la semana pasada el director del CIGB fue su fundador, el Dr.
Manuel Limonta. Pero Limonta fue destituido súbitamente y parece
que está arrestado, así como su número dos, el
ingeniero Luis Herrera. Han sido envueltos en una amplia redada contra la
corrupción, dice el gobierno.
En el lenguaje del propio CIGB se describe sus instalaciones: ``El uso
de animales de diversas especies es un imperativo de las investigaciones
médicas y, a tal efecto, el CIGB posee un bioterio equipado para
diferentes especies de animales, posee instalaciones con una alta
tecnología, como son zonas de barreras y zonas protegidas o salas
blancas, lo que permite realizar ensayos de potencia de vacunas
recombinantes...''.
Según el ex coronel soviético Ken Alibek, que fuera el
segundo a cargo del desarrollo de armas bacteriológicas en la ex
Unión Soviética, el programa cubano ha dado muestras
irrefutables de estar produciendo armamentos biológicos desde 1991.
``Desde 1988 los cubanos estaban detrás de nosotros para que
les ayudáramos a construir una nueva planta de
microbiología. El proceso de la célula sencilla
usaría a las molasas de la proteína obtenidas del
azúcar, algo que los cubanos tenían en abundancia'', explica
Alibek.
Pero ya él y el mayor general Yuri T. Kalinin, que era su jefe y
supervisaba toda la producción de armamentos bacteriológicos
en la ex Unión Soviética, tenían sospechas de que lo
que los cubanos en realidad querían desarrollar era la capacidad de
producir armas bacteriológicas en cantidades industriales.
``En realidad, los cubanos querían que nosotros les
fabricáramos un inmenso reactor para una planta de
producción gigantesca'', explica Alibek.
``Sospechábamos que esto no era nada industrial ni
farmacológico'', dice Alibek. ``Ya sabíamos que los cubanos
tenían un nuevo complejo biológico al lado de La Habana,
algo muy caro y sofisticado que estaba totalmente fuera de contexto en un
país pobre''.
En un viaje previo a La Habana, Kalinin le confesó a Alibek que
todo indicaba que los cubanos estaban produciendo armas
bacteriológicas. Le dijo: ``Las instalaciones de
microtecnología están llenas de zonas secretas y cerradas,
igualito que las nuestras''.
Al volver en el año 90, Kalinin inicialmente vio algo que le
confirmó la existencia de la producción de material de
guerra bacteriológica.
``Los cubanos habían obtenido equipos a prueba de alta humedad y
la capacidad de producir material bacteriológico en un vacío
de humedad, algo necesario fundamentalmente para la producción de
material militar'', dijo Alibek.
Además de la existencia de este equipo en Cuba, el colonel
Alibek le insistió a su jefe en otras pruebas de que Cuba estaba
produciendo material militar.
``Yo era su principal asistente y teníamos mucha confianza'',
explica Alibek. ``Estoy absolutamente convencido de que Cuba tiene un
programa de armas bacteriológicas, me dijo, y cerró el tema
ahí mismo''.
Ya en 1987, en los círculos de microbiología militar de
la Unión Soviética se hablaba abiertamente de la capacidad y
sofisticación que habían obtenido sus discípulos
cubanos.
Ese año Alibek coincidió con otros miembros de
Biopreparat, la entidad soviética que fabricaba tanto medicinas
como armamentos bacteriológicos, en una discusión sobre
Cuba.
Cuando Alibek preguntó de dónde los cubanos habían
obtenido tanto conocimiento y capacidad, uno de los científicos le
dijo: ``De nosotros, claro está''.
Después se enteró de que en 1981, en una visita a
Moscú, Castro había visitado una planta de
microbiología donde se utilizaba la bacteria E. coli para producir
interferón, que se pensaba sería una cura del cáncer.
Castro convenció a Brezhnev de que le transfiriera equipos y le
prestara científicos para desarrollar su capacidad
biológica, y así comenzó la industria
bacteriológica en Cuba, explica Alibek.
En la entrevista, Alibek reveló que durante los años 80
Cuba envió docenas de estudiantes a la Universidad Estatal de
Moscú, donde estudiaron biotecnología y
microbiología.
``Los oficiales soviéticos no queríamos entregarles este
secreto a los cubanos'', dice Alibek. ``Pero Brezhnev estaba enamorado de
Castro''.
Las instalaciones cubanas de biotecnología `están llenas
de zonas cerradas y secretas'