Publicado el lunes, 30 de noviembre de 1998 en El Nuevo Herald

ENRIQUE PATTERSON

Lugar común racial

Las modalidades del racismo y la discriminación americanas, sin cortapisas segregacionistas, funcionaron para los primeros exilados como un baño de absolución respecto al fenómeno del patio. Decían, dicen: ``Eso jamás ocurrió en Cuba''. A partir de ahí se da un enorme salto: ``En Cuba no teníamos problemas raciales''. Si alguien señala el problema y pone ejemplos actuales de la isla ¡ya está, presta, la solución! El racismo y la discriminación son creaciones del castrismo.

El régimen cubano no se queda corto. Según la propaganda oficial, la revolución los erradicó. Recientemente leí un discurso donde Lage afirmaba que ambos fenómenos --racismo, discriminación-- apenas se recuerdan en Cuba. El problema es del exilio miamense, de los americanos. El régimen --de manera políticamente interesada-- interpretó el cambio en la forma de manifestación como una total desaparición. La actitud de ambos bandos, opuestos políticamente, es la continuación del ``sindrome de negación'' que al respecto han asumido las elites criollas desde finales del siglo XIX. El igualistarismo totalitario introduce nuevos argumentos. El fin de la segregación en algunos lugares públicos y el acceso igualitario a la salud y la educación son vistos como una prebenda. Los negros deben mostrar una fidelidad doble. Revolucionaria la primera (a la que todo joven se debe si quiere adquirir estudios superiores. ``La Universidad --se dice-- es para los revolucionarios''). Privativa de los negros, racial, la segunda. Se les exige así una fidelidad extra, deben estar más agradecidos. No se trata de negar la mayor --que no igual que el resto-- posibilidad que han tenido los negros de adquirir formación superior bajo el actual régimen, pero el supuesto de la fidelidad doble demuestra que, ni aun bajo el igualitarismo castrista los negros alcanzaron la igualdad.

¿Será acaso que, ``por ser inferiores'', se les da algo que no merecen como ciudadanos y que, por ello, deben de ser doblemente fieles?

En este punto aparecen las posiciones, con sus matices, de los negros formados en los marcos del tipo de discriminación propia de la era precastrista. Y, de paso, introduzco mi discrepancia con el amigo y compatriota Alberto Jones, en su artículo Un hito en la lucha contra el racismo (El Nuevo Herald, Opiniones, jueves 12 de noviembre de 1998.) Según Jones, ``el resurgimiento de vestigios de racismo generó violentas recriminaciones en muchos participantes en la conferencia'' (Miami-USA/Cuba, Una Nueva Visión, celebrada en Miami el 31 de octubre por el Centro de Política Internacional). Y agrega Jones: ``Pero de ahí a inferir o estructurar el análisis de este grave problema como privativo o estimulado por el actual gobierno, no sólo es falso, es cruel. La verdad absoluta es que los afrocubanos han avanzado más en los últimos 40 años que en los 500 años anteriores''.

Aquí aparece el sentimiento de agradecimiento incluso en un negro exilado. El análisis de tal actitud es clave. A pesar del avance en cuanto a las posibilidades de formación, aún la universidad no es tan negra como el por ciento de este grupo poblacional y hasta ahora no veo un estudio y una política al respecto. Ultimamente las universidades se blanquean más que se oscurecen. La pregunta es necesaria, y su respuesta indica qué entendemos por los derechos ciudadanos en la sociedad moderna; ¿deben los negros comportarse como si el derecho a la igualdad en libertad, ganado por sus antepasados en dos guerras donde pusieron mayoritariamente el pecho y la vida, fuera algo inmerecido que hay que agradecer como los creyentes agradecen a Dios hasta las desgracias?

¿Son los negros ciudadanos, siervos o una casta execrable de intocables? Sus ancestros hicieron tres veces al país con el trabajo no retribuido, el aporte cultural y el bautizo de la sangre. No le deben nada a nadie, se les debe. Aún hay muchos derechos que exigir. La ideología del sumiso esclavo doméstico ante el amo que lo salva de los rigores del barracón y el cañaveral, aunque no de la esclavitud, resurge, muta, alimentada por el estado patrón e inconscientemente asumida por muchos. En Cuba no hay un ``resurgimiento de los vestigios del racismo'', como expresa Jones, nunca fue esencialmente erradicado. Hay un detalle nimio. El castrismo ejerce el poder ejecutivo, judicial y legislativo sin oposición y es, además, omnipropietario. Aunque el racismo y la discriminación no son privativos del actual gobierno, el hecho de ejercer el poder totalitariamente por 40 años lo hace totalmente responsable de lo que al respecto ocurra en estos momentos en la isla. Si no hay negros en el área laboral donde se accede a los dólares, es el gobierno quien suministra los empleados. Si la policía los molesta más que a los blancos, es el gobierno quien los entrena y emplea. Si le preocupa puede evitarlo. Que legisle y actúe. La crueldad que me preocupa --Jones dice que responsabilizar al gobierno es cruel-- no es la de la opinión que confronta al poder. Me preocupa la crueldad del poder que se abstiene de actuar para corregir injusticias mientras encarcela ilegalmente a sus ciudadanos por expresar opiniones en público.

En el evento al que se refiere Jones fui de los que confrontó, respecto a la discriminación racial, al reverendo Raúl Suárez, diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular. Este dirige, además, el Centro Martin Luther King, institución oficial u oficiosa, precisamente en el país con la peor situación de derechos civiles y políticos del hemisferio. No sé si Alberto Jones se refiere a eso cuando habla de crueldad hacia el gobierno por parte de algunos de los participantes. Incongruencias éticas como ésa deben ser confrontadas en cualquier sitio; a no ser que se tenga mentalidad de calesero.


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