Publicado el lunes, 5 de octubre de 1998 en El Nuevo Herald

ENRIQUE PATTERSON

Georges, Castro y Leonel Fernández

El huracán Georges pasó como un examen sobre la eficiencia de los gobiernos ante la impronta de fenómenos naturales. No muchos gobiernos han perdido puntos en el examen; pero el dominicano ha suspendido la prueba con unas notas indignantes, bajísimas. Todos los países, y sus gobiernos respectivos, se preparan para las eventualidades naturales. En el caso de los ciclones en nuestra área, son algo predecible. No toman a nadie por sorpresa.

Las islas del Caribe y las áreas continentales caribeñas están más preparadas para los ciclones que las zonas sísmicas para los terremotos. Los huracanes se anuncian, no son abruptos. Asombra que en República Dominicana Georges causara centenares de muertos; en Cuba, menos de una decena, y ninguno acá. Aquí no cabe el recurrido argumento demonizador, o de selectiva discriminación contra un país determinado. La naturaleza es ciega. Los gobiernos son los encargados, con su previsión, de proteger a la población de las furias de la naturaleza, más si son anunciadas. La cantidad de víctimas humanas causadas por el huracán no son atribuibles a sus vientos ni a las inundaciones, sino a la irresponsabilidad del gobierno dominicano.

La pobreza y la falta de recursos no son justificaciones para no albergar a la población en lugares seguros, escuelas y edificios públicos. Cuba está más falta de recursos que la República Dominicana y el gobierno de Castro, capaz de, a largo plazo, matar a la población cubana de hambre, se movilizó y albergó a la gente en lugares seguros. Digamos que Castro tiene sentido de lo espectacular y extraordinario, o lo que sea; igual que en República Dominicana, en Cuba se perdieron las cosechas --si es que había cosechas--, pero no pereció prácticamente nadie (dos electrocutados), mientras que en Quisqueya tal parece que hubiera ocurrido una matanza que bordea la dimensión de genocidio.

Hay demasiadas responsabilidades a cuenta del gobierno. En la larga historia de censura de prensa de la dictadura castrista, no recuerdo casos de censura a los partes meteorológicos. En Santo Domingo vimos a un jefe de la defensa civil, el señor Elpidio Báez, que censura dichos partes para evitar el pánico; a un mismo jefe de la defensa civil que horas antes de llegar el huracán afirmaba en público que éste pasaría a doscientos kilómetros de la isla, a una policía que no permite que la población se refugie en edificios públicos y que hasta dispara para impedirlo; a unos funcionarios que, sin avisar a los pobladores, abren las compuertas de una represa cuya agua sepulta tres poblados y sus habitantes porque no fueron previamente evacuados. Esas muertes las causó el desgobierno y la insensibilidad humana, no el huracán Georges.

Se comprende que el gobierno dominicano no tenga un plan integral para hacerlo funcionar en el caso de un ataque atómico, pero que siendo una isla caribeña no tenga un plan efectivo para aplicarlo en caso de huracanes, es algo inconcebible. El resultado es esa cifra espeluznante de muertos y desaparecidos, los mismos que en las elecciones votaron con la esperanza de tener un gobierno con un mínimo de responsabilidad.

El gobierno dominicano ha mostrado capacidad de previsión en otras ocasiones. Cuando la reciente visita de Castro no olvidaron detalle alguno. Era responsabilidad del gobierno la seguridad de su invitado, y esto no es criticable; pero reunir a los desamparados y pagarles para que dieran vítores al dictador era algo que estaba por encima de la responsabilidad de proteger al dictador, lo mismo que dejar en manos de la seguridad cubana la tarea de registrar los equipajes en el aeropuerto. Por razón humanitaria hubiera entendido que ante esta amenaza natural hubieran pedido ayuda a Cuba, a Estados Unidos, al infierno mismo, para evitar las muertes que ahora presenciamos. Pero parece que a Leonel Fernández le interesa más entregarle las llaves de la capital a un dictador que proteger la vida de los ciudadanos del país que preside. Para entregar las llaves de Santo domingo, presente; pero no para evitar que unos infelices que viven en las casuchas del hambre y la pobreza no mueran ahogados como hormigas.

República Dominicana, Cuba y Haití necesitan ayuda, y es hora de que abandonemos esa solidaridad nacional o étnica y donemos lo más que se pueda para los tres países. En otras circunstancias Castro hubiera reducido la magra cuota de los cubanos para hacer política solidaria en Santo Domingo, ahora --que es un pedigüeño y un damnificado del programa de alimentos de Naciones Unidas-- no puede hacerlo. Además de ser una buena acción, ocuparle ese espacio es algo inteligente.

Respecto a República Dominicana, es de lamentar que hoy tenga semejante gobierno, porque Leonel Fernández significó una esperanza para un pueblo que ha luchado con tremenda fe para perfeccionar su democracia. Los dominicanos no se merecen semejante desidia. Aún no hemos visto renuncias de funcionarios, ni los parlamentarios han interpelado al presidente. El señor Báez tiene buenos padrinos, aún está en su puesto. Esos muertos, pobres o infelices, merecen al menos una rendición de cuentas y depuración de las responsabilidades correspondientes. El trato que Fernández dio a Castro mostró insensibilidad ante la tragedia del pueblo cubano. El huracán Georges muestra otra faceta, la insensibilidad hacia su propio pueblo.


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