Muerte de Arcos golpea a los disidentes cubanos
Arcos, que se negó a partir hacia el exilio hasta el último momento, llegó a Miami hace dos años ya herido de muerte por un cáncer rectal, cuyo rápido avance se debió en parte a la renuencia de las autoridades cubanas a brindarle la atención adecuada mientras estuvo en prisión.
El disidente de 65 años murió en su hogar del suroeste de Miami rodeado por sus familiares y amigos.
En una nota de condolencia emitida el martes por la Casa Blanca, el presidente Bill Clinton lo calificó como ``valeroso e incansable luchador por los derechos humanos, la democracia y la libertad de Cuba''.
``Arcos dedicó su vida al cambio pacífico en su amada patria'', dijo Clinton. ``Nuestros pensamientos y oraciones acompañan a su hija e hijo y al resto de la familia, que continuará la batalla por los derechos humanos en Cuba''.
En La Habana, Elizardo Sánchez Santa Cruz, presidente de la Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional, dijo que su muerte era ``una triste razón para que esté de luto el movimiento cubano en favor de los derechos humanos''.
``Y también a escala mundial, porque este hombre llegó a alcanzar una estatura que trascendía las fronteras nacionales'', dijo Sánchez.
Según los deseos de Arcos, no habrá funerales públicos hasta que sus cenizas retornen a Cuba bajo un futuro régimen democrático, expresaron sus familiares. Una misa para amigos y parientes fue celebrada el martes en la Iglesia Santa Agata.
``Ha dejado un movimiento que comenzó con unos pocos, y ahora tiene cientos y cientos de activistas a través de la isla'', comentó Ricardo Bofill, quien junto a Arcos y su hermano Gustavo fundó en 1981 el movimiento de derechos humanos cuando cumplían prisión en la cárcel Combinado del Este, en La Habana.
Actualmente, Gustavo es el presidente del Comité Pro Derechos Humanos en Cuba.
``Estamos en esta lucha desde que éramos jóvenes'', dijo Gustavo durante una llamada telefónica que era constantemente interrumpida. ``Estábamos unidos por la sangre y por los mismos ideales''.
``Esto no nos toma por sorpresa. Sabíamos que sus días estaban contados; sin embargo, estamos profundamente tristes'', agregó.
Arcos pertenecía a una familia de nueve hermanos con un largo historial de lucha contra las dictaduras cubanas del último medio siglo. En la insurrección contra el régimen de Fulgencio Batista, uno de los hermanos, Luis, murió en el combate de Alegría de Pío, al pie de la Sierra Maestra. Gustavo fue herido en una pierna en el ataque al Cuartel Moncada en 1953, dirigido por Castro. Tres de los hermanos sufrieron prisión política en diferentes épocas.
Después del triunfo revolucionario, Arcos estuvo en prisión dos veces, en el Combinado del Este, en 1981, y en Ariza, provincia de Cienfuegos, en 1992. Esta última vez, funcionarios del gobierno iban a verlo a la prisión cuando ya estaba enfermo y le ofrecían dejarlo ir en el próximo avión a España si concluía sus actividades disidentes.
``El rehusaba y permanecía en prisión, poniéndose cada vez más enfermo'', dijo Bofill.
Arcos y su familia culpaban al gobierno cubano por su grave estado de salud. Ante la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas, él indicó que había sido privado del tratamiento apropiado como castigo a sus denuncias de las violaciones del régimen castrista.
Cuando fue arrestado en 1992, dijo ante la comisión, pesaba 170 libras y corría cinco o seis kilómetros. En los primeros ocho meses de cárcel perdió más de 30 libras y enfermó gravemente. Precisó que ``sistemáticamente le negaron'' las medicinas que enviaban sus familiares. Especialistas aseguraron en Miami que su mal hubiera podido ser detectado a tiempo.
``Fue negligencia, simple y llanamente, y no hay ninguna excusa posible'', dijo Arcos recién llegado a Miami en septiembre de 1995 para recibir cuidados de urgencia.
El médico Jesús Martínez Carles, de 33 años, proctólogo que le diagnosticó el cáncer en Cuba, explicó que buena parte de los exámenes que se le indicaron al disidente tuvieron que realizarse utilizando nombres falsos, a fin de que obtuviera la atención adecuada.
``Las primeras pruebas clínicas que se efectuaron llevaban el nombre de Jorge Dueñas Esquirol, para que no se supiera que era Sebastián'', declaró Martínez a la agencia independiente Cuba Press.
Martínez indicó que cuando Arcos fue finalmente internado bajo su verdadera identidad en el Hospital Julio Trigo, el director en funciones tomó la historia clínica e inmediatamente se inició una intensa investigación por parte de la Seguridad del Estado.
Arcos fue enviado a su casa y Martínez fue separado de su trabajo el 29 de septiembre de 1995 por ``incompatibilidad político-ideológica con el sistema de salud del país'', según reza el documento oficial emitido por el Ministerio de Salud Pública.
``El aceptó viajar a Miami como última opción para su tratamiento'', dijo desde La Habana Mayra González, su compañera durante casi una década.
Asistido por sus dos hijos, María Rosa y Sebastián Arcos Cazabón, luchó tenazmente contra la enfermedad, soportando un tratamiento intensivo de medicamentos e inyecciones de morfina, mientras acariciaba la esperanza de restablecerse para reincorporarse a la lucha por los derechos humanos en Cuba.
Arcos había sido puesto en libertad el 31 de mayo de 1995, junto a otros presos políticos por gestiones de la organización de derechos humanos France Libertes. Estaba sentenciado a cuatro años y ocho meses por el delito de ``propaganda enemiga''.
Su condena fue la culminación de un proceso de amenazas y medidas represivas que se remontan a sus primeros pasos dentro de la disidencia cubana, y que incluyó el asalto a su casa, en el Reparto Aldabó de La Habana, por turbas paramilitares castristas que organizaron un violento ``acto de repudio''.
Sus únicas actividades públicas en Miami estuvieron relacionadas con la causa a la que dedicó sus últimos años. Apoyándose en un bastón asistió a la celebración del Día de los Derechos Humanos, el 10 de diciembre de 1996, en la Universidad Internacional de la Florida.
Este año acudió también al aeropuerto de Opa-locka, en la conmemoración del primer aniversario del asesinato de los cuatro activistas de Hermanos al Rescate que murieron cuando dos avionetas fueron derribadas por cazas cubanos en aguas internacionales.
Durante los dos años que pasó en Miami, Arcos recibió el reconocimiento y la visita de personalidades políticas de Estados Unidos y el extranjero. Pocas semanas después de su arribo a esta ciudad, el presidente Clinton le envió una carta de bienvenida en la cual expresó su esperanza de ``que los esfuerzos de su organización y su coraje personal logren pronto el pleno respeto de los derechos humanos en Cuba, como todos nosotros deseamos''.
En diciembre, el presidente del Partido Popular de España, José María Aznar, fue a verlo en su lecho de enfermo.
``Para nosotros, es una obligación y un imperativo moral esta visita de reconocimiento a quien simboliza la lucha contra la represión en favor de la democracia'', declaró entonces Aznar.
La trayectoria de Arcos es un alegato contra las dictaduras que ha sufrido la isla. En 1957 fue encarcelado en la Prisión de Isla de Pinos por sus actividades contra Batista. Fue liberado al triunfo de la revolución en 1959. En los primeros años del poder revolucionario, ocupó cargos en varias dependencias gubernamentales hasta que, a mediados de la década de 1960, pasó a formar parte de la Marina de Guerra Revolucionaria en calidad de oficial.
Al ser arrestado su hermano Gustavo, a fines de esa década, Arcos renunció a la militancia del Partido Comunista. Poco después abandonó la Marina. Años más tarde, en 1981, ya en franca oposición a Castro, fue capturado junto a Gustavo y otros familiares, intentando salir ilegalmente del país. Las autoridades lo condenaron a seis años de cárcel. Al ser liberado en 1987, Arcos se convirtió en uno de los principales dirigentes del Comité.
Tal como Clinton lo describió en su nota de pésame, ``fue un hombre honorable y digno que conquistó un gran respeto en todo el mundo por los sacrificios que hizo''.
``Ha dejado una huella que inspira a muchos otros luchadores por las libertades individuales'', enfatizó Clinton. ``Ha sido un ejemplo para todos nosotros, y lo echaremos de menos''.
Copyright © 1997 El Nuevo Herald