Publicado el viernes, 28 de agosto de 1998 en El Nuevo Herald

ZOE VALDES

El MIDEM de Fidel Castro

En el verano del 94, durante la crisis de los balseros, un señor que se disponía a partir en una balsa desde El Rincón de Guanabo habló a una cámara de vídeo clandestina diciendo que había que apurarse antes de que cerraran la frontera porque en cualquier momento los dos gobiernos (el cubano y el americano) se pondrían de acuerdo y los que pagarían serían, ``como siempre, los pobres de la tierra''. Aquel mismo señor que se iba en balsa en el verano del 94, al rato de la conversación, dijo una frase que a todos los que estábamos allí nos hizo sonreír de ironía: Al fin y al cabo, a Miami siempre lo ha dirigido El Boniato. Creo que no necesito traducción.
Antes de mi viaje a la pasada Feria del Libro de Miami, mis presentaciones en Europa, mis denuncias públicas del régimen de Fidel Castro habían provocado reacciones de todo tipo, en algunos casos extremadamente violentas. En Vigo me esperaron con palos al terminar una conferencia y yo me remití a leer los nombres de las víctimas del remolcador 13 de Marzo. Meses antes, a Guillermo Cabrera Infante lo habían agredido de igual forma en Barcelona los enviados castristas. No era la primera vez. Para todo aquél que haya leído mis libros no debe quedarle la menor duda de cómo pienso, y no estoy haciendo ningún tipo de strip-tease ideológico, porque lo hallo de mal gusto y porque es una de las razones por las que salí de Cuba. Detesto el encuerismo de la doble moral. Nunca olvidaré el encuentro con ese público cubano, latinoamericano, y americano que estuvo presente en la noche de mi lectura en la Feria, me dieron algo que yo no podría recibir en ninguna parte, salvo en Cuba, algún día, en un futuro sin dictadura: me reconocieron con amor y sigo siendo muy sensible a esa actitud. Sin embargo, eso no quitó que en una mínima escala se me criticara desde la ignorancia, hubo quien dijo que yo iba a llevarme el dinero de Miami.
Cuando la visita del Papa a Cuba escribí un artículo muy crítico en El País; desde algunos círculos de Miami me llegó la noticia de que yo había caído en baja, de que esta vez me había sobrepasado, de que insultaba a la Virgen de la Caridad del Cobre, etc. Cosa incierta, además. Luego supe que quienes se encargaban de repartir fotocopias del artículo a los visitantes miamenses durante la visita del Santo Padre a la isla eran antiguos oficiales de la Seguridad del Estado, ahora disfrazados de gerentes, empresarios, agentes artísticos, dialoguistas, en fin, el copón divino. Algún día sacaremos las conclusiones de la visita del Papa; por arribita creo que desde adentro fue positivo, la gente supo que existía otra opción, pero para afuera pienso que confundió y desmembró bastante al exilio.

Esta introducción tan extensa para decir que desde hace unos cuantos días estoy viendo las noticias que está dando Europa sobre el MIDEM y Miami. Hace dos días, por ejemplo, el noticiero de TV Española, mezcló todo: los acusados por el atentado a Castro en la última conferencia iberoamericana en la Isla Margarita, el viaje reciente de Castro a Santo Domingo, y las actividades del MIDEM. Debo decir que del MIDEM en sí, poco se habló. Las imágenes fueron en el orden que les cuento. Luego informaron que los músicos habían recibido los visados pero no los funcionarios, se vieron a los músicos en el aeropuerto de Miami muy contentos de haber aterrizado en territorio libre.
De inmediato se pasó al concierto de Compay Segundo, la única imagen que pusieron fue cuando hubo que desalojar la sala por una falsa alarma de bomba e interrumpir el concierto. Luego presentaron a exiliados dando una especie de mitin de repudio, enardecidos. Quiero sospechar que fueron a localizar al más bruto, quien dijo en un tono bastante descompuesto que estaban hartos de que el mundo reconociera a los artistas cubanos de adentro, que los artistas que el mundo tenía que reconocer eran los de Miami. Luego se pasó a una sonrisita irónica de Castro en Santo Domingo comentando lo de los atentados y los visados y la política de Estados Unidos con respecto a Cuba, seguidamente a un grupo de dominicanos simpatizantes del dictador enarbolando consignas a su favor. A buen entendedor pocas palabras.

Ya sabemos que todavía quedan personas que no quieren enterarse de lo que pasa en Cuba, ya sabemos que algún día veremos a esas mismas personas tratando de limpiarse y cambiándose de chaqueta, algunos ya empezaron. Desgraciadamente nuestra causa ha sido en la historia de la humanidad una de las menos comprendidas y la más vejada por los manipuladores de todos los bandos. Cuesta reconocer nuestros muertos, nuestros desaparecidos, nuestros presos políticos. Para eso muchos cubanos cada día alzamos nuestras voces, y entregamos mucho de nuestro tiempo a la libertad de nuestro país. Hay mil formas de hacerlo, es un gran arte,y exento de política puede serlo. Porque para el porvenir también debemos prepararnos para vivir ignorando en buena medida la política.

Debo decir que no estoy de acuerdo con los mítines de repudio, con los actos de violencia, con las amenazas de bomba, en resumen, con el terrorismo. No estoy condenando las manifestaciones públicas, a las cuales cada cual tiene derecho. Pero los actos de repudio los tengo demasiado frescos en la memoria y me recuerdan las maniobras de la dictadura. Eso, si es que realmente son auténticos exiliados los que organizan tales actividades. Porque cabe la sospecha de que puedan ser organizadas por agentes tapiñados de la seguridad, que campean por sus respetos en esa ciudad. En caso de que no sea así, aquéllos que participan se están equivocando y están enfrentándose solamente, sin saberlo, a sus aliados dentro de la isla, a sus compatriotas. Muchos de esos artistas en su fuero interno sienten y piensan igual que nosotros.
Mostrar al mundo esos actos desesperados deja mucho que desear del exilio cubano y sólo contribuye a dar puntos en favor de Fidel Castro y en contra del exilio. Contribuye a alimentar la mala imagen de Miami que se ha inventado desde el Comité Central. Y repito, comparto el mismo desprecio por el régimen, pero no soy partidaria de la violencia. Una vez más, un evento de Miami está siendo condicionado por Quién Tú Sabes. No creo que sea positivo oponerse a la visita de los músicos de la isla a un evento tan especial. Cuba está en ella misma y somos todos, los de adentro y los de afuera. Estoy de acuerdo con que a los agentes y funcionarios no se les haya dado la entrada a territorio americano, pues me consta que algunos de ellos son agentones del aparatchik. Es cierto que hay músicos que no se les debiera dar la visa, pero para ningún país, pero sólo por mediocres, por malos músicos.

Sorprende que una ciudad que dio su acogida al cantante Osvaldo Rodríguez, autor de la Marcha del pueblo combatiente (todo el mundo sabe que hasta la Orquesta Aragón tuvo que morder el cordobán y componer chachachás patrióticos, el disco acaba de salir, y no por eso uno se va a privar de La engañadora) y a Beatriz Márquez, intérprete del himno de la guerra de Angola, acepte que unos cuantos se manifiesten de manera tan agresiva. También me han contado que se prepara un mitin de repudio para ante el Café Nostalgia; no entiendo. Café Nostalgia presentará dentro del MIDEM a músicos exiliados de Miami, a los integrantes del grupo Café Nostalgia, quienes preparan un disco con las canciones de mi novela Te di la vida entera (Planeta, 1996) con la prestigiosa casa productora francesa NAIVE. Tanto los periódicos Granma como Juventud Rebelde no han cesado de atacar al Café Nostalgia de Miami. ¿O es que estamos tan confundidos que ya empezamos a hacer mítines de repudio entre nosotros mismos? Estoy viendo las noticias desde Europa y el MIDEM ya no pertenece a los artistas, a sus genuinos creadores, los músicos; el MIDEM se lo está cogiendo la politiquería.

Caballeros, no seamos imbéciles, filtrémosle al asunto, unámonos. Es duro que los músicos del exilio no puedan ir a actuar a Cuba, a su público. Es duro también que dentro de los propios músicos de adentro venga infiltrado algún que otro oportunista, pero pensándolo bien no debemos entregarle a la dictadura lo que nos pertenece. Porque esa música es nuestra, porque somos cubanos y la patria es de todos. Y porque todo esto lo utiliza el dictador para intentar corroer la fuerza de nuestra verdad.
Escritora cubana, exiliada en Francia. Sus novelas han sido premiadas en Francia y España. Escribió este artículo para El Nuevo Herald.


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