La polémica se ha centrado en Portugal en el prefacio de
José Pacheco Pereira, quien sostiene que ``no sólo no
está prohibida, sino que se debe hacer la comparación entre
lo que fue el nazismo y el comunismo'', aunque sean regímenes
diferentes.
En su opinión, y a la luz de los derechos humanos, ``los
muertos son iguales'', hayan fallecido ``en un campo de
concentración nazi, en Angola o en las deportaciones'' en la
antigua Unión Soviética.
La coincidencia de la publicación del libro con el arresto del
general Augusto Pinochet en Londres y con la presencia en Portugal de
Fidel Castro, con motivo de la Cumbre Iberoamericana de Oporto, dio pie a
que se hiciera una ``provocadora'' simetría: Pinochet y Fidel,
ambos dictadores, fascismo y comunismo, todo la misma cosa.
``En el plano de la confrontación de valores'', escribe, ``no
puede haber comparación alguna con los valores de raza, guerra,
desprecio por los débiles, nacionalismo fanático,
desigualdad, programa deliberado de exterminio'' que caracterizaron el
nazismo.
En Diario de Noticias, Pereira ironiza sobre la distinción que
hace Coelho y sostiene que se podía decir de la misma forma que los
valores del comunismo son los valores ``de la superioridad de una clase
social sobre otra, de la guerra como extensión de la
política, del desprecio por los débiles que no pertenecen a
la `vanguardia' de la dictadura del proletariado, y de un programa
deliberado de exterminio de los enemigos de clase''.
El mismo ejercicio puede hacerse al revés, añade, por lo
que un nazi reconocería méritos a sus teorías a favor
de ``la estabilidad de los `mil años', la felicidad de una
humanidad constituida por hombres racialmente puros, sanos, limpios,
cultivados por elevados valores comunitarios, altamente educados en una
cultura romántica para quienes la guerra es una suprema
manifestación de vitalidad''.
Coelho replicó en Público: ``por mi parte, sigo
considerando profundamente detestable cualquier individuo'' que respaldara
un programa como el mencionado por Pereira.
En las mismas páginas de Diario de Noticias, Rubén de
Carvalho recuerda a Pereira que los defensores de dichas teorías,
aún antes de los hornos crematorios de Auschwitz y Birkenau,
``destruían sinagogas y sedes de sindicatos, devastaban los teatros
de Berlín, quemaban libros y cuadros, y para asegurarse ``hombres
racialmente puros'' se mataban unos a otros en ``Noches de Cuchillos
Largos''.
Libro sobre comunismo desata disputa
Copyright © 1998 El Nuevo Herald