Publicado el martes, 3 de noviembre de 1998 en El Nuevo Herald

Libro sobre comunismo desata disputa

NEMESIO RODRIGUEZ
Agencia EFE

Lisboa -- La publicación en Portugal del Libro negro del comunismo, que sostiene que su implantación causó la muerte de más de 85 millones de personas en el mundo, ha provocado un vivo debate sobre los intentos de equiparar esa ideología con el nazismo.

El libro de Stephane Courtois, el historiador francés que coordinó el equipo investigador, calcula en un mínimo de 85 millones los muertos del comunismo, suma de los ejecutados, los fallecidos en los campos de concentración y las víctimas de las hambrunas ``deliberadas o no combatidas''.

La polémica se ha centrado en Portugal en el prefacio de José Pacheco Pereira, quien sostiene que ``no sólo no está prohibida, sino que se debe hacer la comparación entre lo que fue el nazismo y el comunismo'', aunque sean regímenes diferentes.

En su opinión, y a la luz de los derechos humanos, ``los muertos son iguales'', hayan fallecido ``en un campo de concentración nazi, en Angola o en las deportaciones'' en la antigua Unión Soviética.

La coincidencia de la publicación del libro con el arresto del general Augusto Pinochet en Londres y con la presencia en Portugal de Fidel Castro, con motivo de la Cumbre Iberoamericana de Oporto, dio pie a que se hiciera una ``provocadora'' simetría: Pinochet y Fidel, ambos dictadores, fascismo y comunismo, todo la misma cosa.

``En el plano de la confrontación de valores'', escribe, ``no puede haber comparación alguna con los valores de raza, guerra, desprecio por los débiles, nacionalismo fanático, desigualdad, programa deliberado de exterminio'' que caracterizaron el nazismo.

En Diario de Noticias, Pereira ironiza sobre la distinción que hace Coelho y sostiene que se podía decir de la misma forma que los valores del comunismo son los valores ``de la superioridad de una clase social sobre otra, de la guerra como extensión de la política, del desprecio por los débiles que no pertenecen a la `vanguardia' de la dictadura del proletariado, y de un programa deliberado de exterminio de los enemigos de clase''.

El mismo ejercicio puede hacerse al revés, añade, por lo que un nazi reconocería méritos a sus teorías a favor de ``la estabilidad de los `mil años', la felicidad de una humanidad constituida por hombres racialmente puros, sanos, limpios, cultivados por elevados valores comunitarios, altamente educados en una cultura romántica para quienes la guerra es una suprema manifestación de vitalidad''.

Coelho replicó en Público: ``por mi parte, sigo considerando profundamente detestable cualquier individuo'' que respaldara un programa como el mencionado por Pereira.

En las mismas páginas de Diario de Noticias, Rubén de Carvalho recuerda a Pereira que los defensores de dichas teorías, aún antes de los hornos crematorios de Auschwitz y Birkenau, ``destruían sinagogas y sedes de sindicatos, devastaban los teatros de Berlín, quemaban libros y cuadros, y para asegurarse ``hombres racialmente puros'' se mataban unos a otros en ``Noches de Cuchillos Largos''.


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