José Martí
Es preciso salirle al paso a los infundios que enlodan la imagen del Apóstol de Cuba.
La caricatura que aparece con este trabajo resume lo que de Martí decían sus enemigos: que era aficionado a la bebida y a las mujeres. Se le ve ahí en un lugar público junto a una mesa con una botella y con una mujer sentada en las piernas. La calumnia partía de sus desavenencias en el hogar y de las confesiones amorosas en sus versos; el beber, lo inventaron quizás por su gusto de los vinos que llamaba ``corteses y ligeros'', y por el Mariani que tomaba, un reconstituyente de coca muy popular en sus días, también preferido por León XIII, el presidente McKinley, la reina Victoria y el sabio Thomas Edison.
La caricatura apareció en el semanario La Política Cómica, de La Habana, el 25 de marzo de 1895, menos de dos meses antes de caer Martí en el combate de Dos Ríos. Es esa fecha de mayor importancia en la biografía de Martí. El día en que circulaba en La Habana este insultante dibujo, Martí estaba en Santo Domingo preparando con el general Máximo Gómez el viaje a Cuba para incorporarse a la insurrección iniciada el mes anterior. En ese 25 de marzo firmó el Manifiesto de Montecristi explicando la razón de la guerra y el proyecto para la nueva república (``Desde sus raíces se ha de constituir la patria... de modo que un gobierno sin realidad ni sanción no la conduzca a las parcialidades o a la tiranía''); le escribió la carta de despedida a la madre (``Usted se duele, en la cólera de su amor, del sacrificio de mi vida... El deber de un hombre está allí donde es más útil...''); y también la que se conoce como su testamento político, al dominicano Federico Henríquez y Carvajal (``Las Antillas libres salvarán la independencia de nuestra América, y el honor ya dudoso y lastimado de la América inglesa...''). El primero de abril salieron de Montecristi, y el día 11 ya estaban en Cuba. La prensa española no cesó de burlarse de él. Lo describieron ``en traje de señorito en la manigua, paseando entre soldados''. Muy pronto la muerte lo libró de otros escarnios, pero los enemigos de la independencia lo siguieron atacando.
Admiración por el
héroe
Se reunió la periodista con varios cubanos que iban a recorrer los lugares frecuentados por Martí en Manhattan. En el grupo estaba el profesor Lisandro Pérez, de la Universidad Internacional de la Florida, y el profesor René Rumbaut, de la Universidad de Michigan. Organizaron el evento y eran los que llevaban la palabra. ``El propósito del recorrido fue desarmar el Martí héroe para encontrar el hombre''. Como dijo el doctor Pérez, se propusieron ``humanizar'' a Martí. Pasaron por un bar en South Street y dijo el doctor Rumbaut: ``Apuesto a que era aquí donde tomaba su ginebra''. Y luego, al pie del puente de Brooklyn, hablaron de la casa de huéspedes, al cruzar el río, donde Martí ``se había enamorado de la dueña del lugar, que era una mujer casada''... Adúltero y borrachín. Así es como parece que estos profesores descubren ``el hombre'' en Martí. Martí no tomaba ginebra, pero los enemigos de Cuba, desde el tiempo de la colonia, le pusieron el apodo de ``Ginebrita''. Hay numerosos testimonios de los que conocieron a Martí que cuentan detalles íntimos de su vida; ninguno habla de que Martí tamara ginebra ni bebidas semejantes. En una ocasión escribió contra ``los licores espirituosos que devoran a los que los usan'', y al compararlos con el vino afirmaba: ``Los alcoholes abominables agobian y embrutecen. El vino sano y discreto repara la fuerzas perdidas''. Y también es mentira que Martí se hubiera enamorado de una mujer casada. Cuando Martí vivió en Brooklyn, a lo que se refieren los profesores, estaba con su esposa y su hijo, entre 1882 y 1885, y cuando se quedó solo, que es cuando empezó a circular el rumor de que vivía con Carmen Mantilla, en su casa de huéspedes, ya era viuda.
Falsificación castrista
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