Permita Dios que esta carta llegue a ustedes. Sería la primera
vez en estos 18 meses y 22 días que nos comunicamos de esta forma;
no obstante, siempre he sabido de ustedes a través de mi
familia.
Por Navidades les hice una postal a cada uno y les tejí con mis
propias manos un tapete que tiene el logotipo del Grupo gracias al
diseño que me hizo una presa. También por el Día de
los Enamorados les hice una postal; espero que algo haya llegado a sus
manos, porque se lo he pedido a Dios.
Mi objetivo es comunicarles la decisión que he tomado de
declararme en huelga de hambre a partir del 16 de marzo, fecha en que
cumpliríamos 20 meses presos. Si para esa fecha aún no se
conoce la fecha del juicio, ese día comenzaré una huelga de
hambre que no terminará hasta que vaya al tribunal o vaya al
cementerio. Claro, podemos pasar por la solución de la libertad,
pero sin condicionamientos y sin medias tintas.
Alguien ha hablado de la posibilidad de que nos deporten; yo pienso que
para conseguir eso tendrían que llegar a medidas extremas, como
encadenarme o inyectarme algún sedante muy en contra de mi
voluntad. Yo me mantengo firme en mi decisión de que la Patria es
de Todos. Ha pasado suficiente tiempo y se han dado suficientes plazos, la
hora de la libertad de la cárcel chiquita no espera. Si
señalo esta fecha es porque quiero que haya tiempo de que ustedes
reciban esta carta y buscar consenso para que se unan a la huelga, es
sólo una opción. De estar todos de acuerdo el mismo
día 16 de marzo lo anunciaríamos públicamente con los
requerimientos del segundo párrafo. Ruego que ninguno se deje
engañar si les dicen que alguien dejó la huelga; en
particular yo sólo quiero el sacramento de la Extremaunción,
y estoy dispuesta a poner el mártir. Ustedes me conocen bien.
Pienso, hermanos, que no hay que temer a las sombras, porque para
mí sólo indican que en un lugar cercano resplandece una luz.
Nuestra lucha por la democratización del país ya
quedó marcada por esta prisión complementaria y habremos
pasado por una dura prueba que nos hará hombres y mujer más
exigentes. A veces el camino menos transitado lo es por una buena
razón.
Hasta el último aliento estaré convencida de la justeza
de nuestra lucha, y si la historia tiene que repetirse, porque a veces la
primera vez le prestamos poca atención, estoy totalmente dispuesta
a que así suceda.
Quiero que piensen y analicen mi propuesta y sobre todo que se pongan
en mi lugar. Dios permita que encontremos consenso. La espera para
mí terminó.
Desde este horrible lugar, que no tiene nada que ver conmigo y que
está al punto de darme un nuevo título universitario:
doctora en ciencias del basurero de la vida, los saludo con todo el
cariño que nos hemos profesado.
En el futuro, hermanos míos, aunque nos toque el camino de la
muerte, ya marcamos la visa y sin lugar a dudas seremos siempre para todo
el mundo el símbolo de la represión acompañada de una
difamación que sólo hace reír.
Permita Dios que estemos en esta lucha, juntos para siempre.
`La hora de la libertad no espera'
Mis queridos y nunca olvidados hermanos Félix, Vladimiro y
René:
Copyright 1999 El Nuevo Herald