por Manuel David Orrio, Cooperativa de Periodistas Independientes
LA HABANA, septiembre - Mientras el huracán de turno hace de las suyas a lo largo del archipiélago cubano, y en el sur de la Florida se espera su presencia, comienzan a llegar noticias sobre la formal presentación de cargos a los autores de "La Patria es de Todos", documento alternativo al del V Congreso del Partido Comunista de Cuba.
Dicha presentación, al estilo inquisitorial propio del país, contiene una petición fiscal de seis años de privación de libertad para Vladimiro Roca y cinco para Félix Bonne Carcassés, Marta Beatriz Roque y René Gómez Manzano.
Por el momento, no muchos han tomado en consideración la diferencia de contexto entre la difusión de La Patria es de Todos --y el encarcelamiento de sus autores-- y la coyuntura interna y externa en que se producirá el enjuiciamiento de las personalidades disidentes, partiendo del supuesto de que éste se realice a continuación razonable de los 20 días a favor de la defensa para que ésta presente sus alegatos y conclusiones. O sea, hacia fines de octubre o principios de noviembre.
Evaluar esas coyunturas pasa por entender lo sucedido alrededor de los autores de La Patria es de Todos, quienes han logrado una solidaridad mundial pocas veces vista en el caso de Cuba. Algunos afirman que el gobierno de Fidel Castro se ha convertido en reo de sus prisioneros: condenarlos es un escándalo, absolverlos también. Y de acuerdo con lo esperable en las personalidades, no existe el término medio de una "deportación negociada". Tal ha sido el ejemplo dado por Roca, Bonne, Roque y Gómez Manzano: primero preso en Cuba que libre en el exilio. Cualquiera diría: conocen a Nelson Mandela.
Más allá de ponderar si el poder de Cuba apreció o no en toda su magnitud el impacto mundial que podría alcanzar La Patria es de Todos --paradójicamente gracias al encarcelamiento de sus autores-- lo observable a lo largo del proceso ha sido el papel jugado por las coyunturas políticas cubanas, y hasta podría decirse que el contrapunto entre pitirres del Almendares --¡halcones los del Potomac!-- y palomas del palomar cercano al barrio habanero de La Timba.
Los autores de La Patria es de Todos fueron encarcelados cuando la prioridad número uno del gobierno de Fidel Castro era el V Congreso del Partido Comunista de Cuba, signado por la derrota de su ala reformista: eso es un hecho. Y serán enjuiciados, si el proceso transcurre en términos razonables dentro de los ya dilatados, meses después de la visita de Juan Pablo II; en plena ofensiva internacional de funcionarios como Carlos Lage, a las puertas de la Cumbre Iberoamericana de Oporto, preparándose la visita a Cuba del canciller español Abel Matutes y visible en el horizonte la carabela que trae a los reyes de España. Además, en pleno renacer de la voz popular clamando a gritos, cuando menos, respeto a la diversidad.
Para colmo, a los autores de La Patria es de Todos se les está imputando un delito de sedición, prueba al canto de la intención agresiva que existe en la concepción del proceso desde sus inicios. ¿No parece profundamente extemporáneo dicho enjuiciamiento, tomando en cuenta las nuevas coyunturas cubanas? ¿No parece agua mojada el rechazo a la condena de Cuba en Ginebra por violación de derechos humanos?
Si, quizás en lo profundo del poder de Cuba se aceptan los errores, el episodio de La Patria es de Todos indica que a los efectos públicos esa tendencia no es constatable. Si piden condena como la aquí tratada, tomando en cuenta el rumbo internacional del acontecer cubano, traerá como resultado un acrecentamiento de las tensiones con la Unión Europea y Estados Unidos. Si en prisión preventiva los autores de La Patria es de Todos han levantado al mundo, nadie sabe qué sucederá si se les sanciona.
El destacado activista cubano de derechos humanos Elizardo Sánchez Santacruz, para quien los autores del documento alternativo son inocentes, y deben ser absueltos, destaca el lado internacional del problema al decir que "las condiciones de contexto internacional favorecerían un desenlace incruento en este proceso. Y debido a que hay un sinnúmero de peticiones de muy alto nivel, cabe pensar que haya desenlaces humanos".
Sánchez Santacruz tiene noticias de primera mano acerca de este contexto. Pero también parece intuir que los vericuetos en el ejercicio del poder, en Cuba, hacen imposibles una absolución al precio internacional que sea. Por ello, "confío en que el tribunal sea consistente con una tendencia de los últimos tiempos: condenar a penas de relativa poca duración". O sea, que de acuerdo con los contrapuntos propios del país, se impondría un "término medio".
Ese aparente compromiso, claro está, no borrará el sentimiento de profundo rechazo a la injusticia que brota desde todos lados. A dos años del tercer milenio, en país de más de 75 años de esperanza de vida al nacer, un médico por cada menos de 200 habitantes, y el índice de maestros más elevado del mundo, sanción como la que amenaza a los cuatro de La Patria es de Todos es un anacronismo, en el más benévolo juicio.
Tal es el escenario de un proceso judicial cargado de incógnitas, cuyo desenlace mucho dirá acerca de la realidad política de Cuba, en el contexto posterior a la visita de Juan Pablo II.
Un familiar de René Gómez Manzano declaró que "ahora sólo queda esperar". Pero otros, en Cuba y fuera de ella, piensan que ahora es hora de luchar.
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