Publicado el lunes, 6 de abril de 1998 en El Nuevo Herald

MONIKE DE MOTAS

José Antonio entre franciscanos antes de morir

Ha salido a la luz una anécdota que desconocían muchos cubanos: el carismático líder estudiantil José Antonio Echeverría era visita habitual a una iglesia franciscana y hasta se ponía el hábito de la orden.

LA HABANA-- La primera revista Espacios de este año, de la arquidiócesis de La Habana, publicó un estudio realizado por el padre Pedro García Chasco, que demuestra la vinculación del mártir estudiantil José Antonio Echeverría con los franciscanos de la iglesia de Cuba y Amargura, en La Habana Vieja, días antes de su muerte.

En su artículo, este religioso señala: ``Cada vez que en nuestra iglesia de San Francisco de Asís, reabierta al culto hace diez años tras 21 de clausura... me visto nuestro hábito, no sólo me siento continuador de los hermanos que me precedieron..., sino que a veces, para mí y para otros, evoco también a José Antonio Echeverría, vestido así como yo... en una de las últimas semanas de su vida, tal como me lo contaron y cuentan quienes entonces vivían aquí... y que veían con cierta naturalidad al líder estudiantil deambular con su hábito por la casa, asistir con los demás frailes a los rezos de laudes y vísperas..., participar como un hermano más en los almuerzos y comidas del refectorio de la fraternidad...''

El interés manifiesto de la propaganda comunista en Cuba por hacer aparecer a nuestros patriotas desvinculados por completo de creencias religiosas, ha mantenido ocultas estas preferencias del líder estudiantil que, según relata el Padre García, se encontraba también junto con otro grupo de universitarios católicos, envueltos en la lucha contra el dictador Batista, y cuyos nombres nos han sido desconocidos hasta hoy.

Dice este eclesiástico que ``fuera notable o no tanto su amistad con los franciscanos que en aquellos años trabajaban en el mundillo de los universitarios católicos (Luis Zabala, Feliciano Eizaguirre, Mariano Errasti, Tomás Olazábal...), José Antonio Echeverría sabía que, al margen de sus ``méritos'' por una parte o de los problemas que por otra parte podría acarrear a los franciscanos, iba a ser acogido en San Francisco''.

Pero lo más curioso es que su recopilación de datos nos lleva a saber que José Antonio no cayó herido donde hoy se encuentra su tarja, sino en el costado de la calle 27 correspondiente al Hotel Colina, donde varias franciscanas del Buen Consejo intentaron auxiliarlo. ``Cayó definitivamente en la acera del Hotel Colina, por la calle 27... Un poco más abajo, Sor Idelfonsa, Sor Paula y Sor Paraíso, franciscanas, atendían por aquellos años un dispensario para la población en general. Tras el tiroteo y viendo heridos por el piso, Sor Paraíso acudió presurosa, pensando dar su auxilio al primero que se encontró, a José Antonio, pero la conminaron a no acercarse al moribundo y en vista de que ella hacía ademán de hacerlo a pesar de todo, la amenazan de muerte y tiene que desistir... Se tuvieron que contentar con orar por el alma de este fiel católico; luchador generoso por la libertad de su pueblo; soñador de un mundo nuevo, un mundo de justicia, de libertad, de dignidad para cada hombre...''

A fuerza de omisiones se nos clavó en la cabeza la idea de una iglesia reaccionaria, oportunista y corrompida, pero lo cierto es que los valores morales sembrados en el alma del cubano por la doctrina cristiana tal vez hayan sido más responsables del sentido de sacrificio, fidelidad y solidaridad humana de quienes se inmolaron dignamente por la causa de la justicia en imitación de los dolores de Cristo que cualquier otra ideología política que pudieran haber abrazado.

Las homilías de Juan Pablo II en nuestra tierra hicieron despertar en muchos el ansia por conocer nuestra historia en su totalidad y, siguiendo su iniciativa, la Iglesia cubana se empeña en desempolvar aquella etapa que comenzó en el siglo pasado y aún no ha concluido. De modo que, como ésta, nos quedarán muchas más sorpresas por conocer.
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