En Camino de servidumbre, Hayek nos advirtió sobre la
concentración del poder en manos de funcionarios y su creciente
discrecionalidad, afirmando que la barbarie es el resultado, no
intencional pero sí inevitable, de los intentos socialistas de
reorganizar nuestra civilización comercial.
En nuestro siglo Hayek fue el principal defensor del orden
espontáneo, en oposición a las múltiples
utopías propuestas por los socialistas de todos los colores y
partidos, que de alguna u otra forma pretenden planificarnos la vida y
decirnos lo que más nos conviene. Ha sido el orden
espontáneo a lo largo de la historia de la humanidad lo que
impulsó el desarrollo del idioma, de nuestras costumbres, de la
jurisprudencia, de los gobiernos liberales bajo constituciones que limitan
el poder del estado y también de la economía de mercado, es
decir, de todas las instituciones fundamentales del hombre libre.
Según Hayek, el progreso de la humanidad proviene del genio y
creatividad de individuos en su libre interacción con los
demás, no de los designios de reyes, politicastros y caciques.
Para Hayek y también para su viejo maestro, Ludwig von Mises, el
progreso ``es el producto de la acción humana, pero no del
diseño o planificación''. Así como el lenguaje
surgió de individuos tratando de comunicarse entre sí, los
mercados surgen por la acción de individuos intercambiado bienes y
servicios, aportando trabajo y cosas de menos valor para ellos a cambio de
otras de mayor valor para sí.
La inmensa aceleración del progreso y bienestar humano, el fin
de las pestes y hambrunas que mantenían estática la
población del mundo, se despliega primero en aquellos países
donde se vive bajo el imperio de las leyes y no de los hombres. Ese es un
tema permanente en la obra de Hayek, gran defensor de la seguridad
jurídica y de leges, palabra latina, antónimo de
``privilegios''.
Esa conexión íntima y directa de la igualdad ante la ley
con el bienestar económico y ausencia de corrupción la vemos
claramente al comparar los actuales niveles de vida en países como
Singapur vs Cuba, Irlanda vs Libia, Chile vs Venezuela.
Mientras tantos de nuestros intelectuales contemporáneos han
dedicado sus vidas a imponernos soluciones supuestamente
``científicas'' a los problemas de la humanidad, Hayek ha sido el
más exitoso adalid de la libre y espontánea
interacción de la gente, radicalmente opuesto a todas las formas de
estatismo que no nos ofrecen verdadero bienestar ni progreso ni paz ni
libertad.
Laurance Hayek contaba que su padre, ya viejo y enfermo, se
sonreía de oreja a oreja cada vez que alguien le recordaba lo
acertado de su predicción sobre el colapso de la cleptocracia
soviética. Otra anécdota tiene que ver con sir Antony
Fisher, quien a raíz de la publicación de Camino de
servidumbre visitó a Hayek en la London School of Economics para
contarle de sus planes de lanzarse a la política y así
tratar de revertir el impulso estatista de la postguerra. Hayek, por el
contrario, lo instó a fundar un instituto que promoviera las ideas
liberales entre intelectuales, quienes influirían en la
ciudadanía y ésta entonces impulsaría a los
políticos por el camino de la libertad. Sir Antony procedió
a fundar el Institute of Economic Affairs en Londres y, luego, el
Manhattan Institute y la Atlas Foundation en Estados Unidos.
Mi propia anécdota no es de similar
importancia, pero muestra la sencillez de este gigante. Luego de la
conferencia de la Sociedad Mont Pelerin (fundada por Hayek) en la
Universidad de Cambridge en 1984, cuyos temas principales fueron
discusiones del Camino de servidumbre, que cumplía 40 años,
y del libro 1984 de George Orwell, publiqué un suplemento de varias
páginas en El Diario de Caracas. Recibí una carta de Hayek
agradeciendo el envío del suplemento y pidiéndome que le
mandara copias de algunas de las fotografías, prometiendo
reembolsarme su costo.
De la vigencia del pensamiento de Hayek no hay ninguna duda. En 1978
publicó La desnacionalización del dinero, recomendando la
abolición del monopolio estatal sobre la moneda para impedir el
empobrecimiento de los pueblos por indisciplina fiscal y regímenes
inflacionarios. Con razón mantenía que se trata de una
reforma crucial que puede dicidir el destino de la
civilización.
Centenario de Hayek
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