Aunque hay cosas peores que ser frívolo, en ciertas
circunstancias la frivolidad resulta repelente. Para algunos. A otros le
resulta sumamente útil, y si usted puede contar para su envolvencia
con personas frívolas bien situadas en medios de prensa y
círculos académicos, pues verá cuánto puede
lograr. Por ejemplo, que un periodista llegado no hace mucho de Cuba, que
se supone conozca la manera de actuar del régimen bajo cuyo poder
nació y pasó casi toda su vida, se sume al coro envolvente y
escriba que el Timbiriche Tal es ``visita obligada'' de los intelectuales
de paso por Miami. No es de extrañar que, ante el apoyo recibido
por su establecimiento, el dueño del timbiriche se atribuya buena
parte de la fama internacional de la Calle 8, y afirme que el grupo
musical por él apadrinado es la nueva sonoridad de Miami. La Calle
8 era conocida incluso en Cuba, país cerrado al mundo, cuando al
susodicho empresario aún le quedaban muchos años como
cachanchán de Alfredo Guevara. En cuanto al piquete. . .,
después de hablar de Pérez Prado no estoy para ellos.
Otro que llegó no hace mucho, un documentalista, habla de la
necesidad de conocernos. ¿Es que acaso no nos conocemos? Nosotros
somos la gusanera de Miami y ellos son los que siempre fueron. Ahí
tienen, por ejemplo, a Reinaldo González, director de la Cinemateca
de Cuba. Lo conocí hace veinte años, cuando era un
típico ``escritor de la revolución'', lo cual quiere decir
que ni él ni su literatura valían una peseta. Ahora, en
España, critica la política cultural de los años 70,
o sea, la época de nuestro único encuentro; por supuesto,
los ``errores'' se los asigna a la burocracia y se dan como superados. Lo
cierto es que hasta hoy y desde mucho antes de los 70, las relaciones del
estebanato con el arte y la literatura han estado regidos por una
consigna: ``Dentro de la revolución todo, fuera de la
revolución nada''. Esteban Dido siempre se ha reservado el derecho
de marcar la línea divisoria con una tiza que lleva en el
bolsillo.
Tonterías musicales, cuentos de camino sobre pasados errores de
la burocracia, comparaciones mentirosas: toda una campaña. Como
parte de ella, la de hablar de ``actos de repudio'' en Miami. Es
lamentable que alguien como Zoé Valdés, que sabe o debiera
saber lo que son esos aquelarres, posibles sólo en un
régimen despótico, los iguale a las manifestaciones de
protesta que han tenido lugar últimamente aquí. Zoé
sabe muy bien que los ``actos de repudio'' son organizados por el propio
gobierno, que la policía sólo se presenta en ellos para
llevarse preso al indefenso ``repudiado'' y que la gentuza participante
goza de total impunidad. Indefensión de unos e impunidad de los
otros: ésos son los elementos que definen un ``acto de repudio'' y
aquí no se dan. Esto es USA.
Lo de ser amiga de los amigos está bien, pero no hay que
exagerar. Y te diré algo, muchacha. Si de veras
quieres. . .; deja ver cómo decía. Aquí
está: si de veras quieres ``vibrar como un pétalo de
mar-pacífico cubano en su corazón'' (sea el mío o el
del exilio) tienes que mandar la merde a los que necesitan demonizar a
Miami para justificar el apoyo que le dieron a la tiranía.
Créeme, esa gente no sirve. Tu amigo tampoco; pero yo respeto la
amistad.
Volvamos a la campaña. Iba bien, con uno que otro escache
imprevisible como las palabras de Rubalcaba, padre de Gonzalo, en La
Habana: ``La música es un arma de la revolución''. Insisto:
eso es allá; aquí, la música es apolítica. Iba
bien, les decía, pero de repente, en el verano caliente y
húmedo de Miami, ocurre algo nada musical, aunque en la jerga del
espionaje se les llama ``pianistas'' a los que operan trasmisores. Una vez
más, Esteban deja a sus servidores colgados de la brocha y las
trovas sobre acercamientos, aperturas, apoliticismo, nostalgia, cambios y
cambalaches suenan a coro de borrachos.
El mismo maleante de siempre, aunque con menos recursos, y con sus
mejores espías muertos, presos, retirados o convertidos en
desertores. Y con un agravante: si antes la información era
destinada a un gobierno, el de la madre URSS, ahora no puede haber otro
destinatario que los terroristas islámicos, esos hijos de mala
madre y peor padre. No hace mucho que unos especialistas en asuntos
militares afirmaron que ``Cuba'' (así llaman al gobierno del Coma
Andante) ya no era una amenaza para Estados Unidos. La trova militar como
refuerzo de la periodística. Pero la realidad es terca. Lo cierto
es que Esteban Dido dejará de ser una amenaza para este país
cuando la flaca de la guadaña le saque tarjeta roja. Nunca
antes.
Trovas
Copyright © 1998 El Nuevo Herald