Pero mientras Remírez, quien es también primer
viceministro de Relaciones Exteriores, trataba de convencer a su audiencia
de que el régimen castrista estaba en una clara disposición
de apertura económica y democrática, dispuesto a discutir
``cualquier tema'' con Estados Unidos, en La Habana, Castro se comportaba
de manera muy diferente.
``Estados Unidos quiere destruir a la revolución cubana,
aplastarla y se concentran fundamentalmente en los programas anunciados:
la guerra ideológica y la guerra económica. ``Guerra
ideológica y económica, para asfixiar al país,
ahogarlo y debilitarlo y crear las condiciones óptimas para que sus
podridas ideas puedan penetrar'', subrayó Castro.
El gobernante cubano dijo que Estados Unidos trata de imponer al mundo
sus hábitos de consumo y sus principios sobre la economía de
mercado y libre empresa, algo que está reñido con el
régimen socialista y marxista leninista.
``Según ellos la ley de mercado resuelve los problemas del
hombre, de la salud y todo lo demás. Son temas relacionados con la
batalla ideológica fundamental, porque esas son las armas con las
que más nos atacan'', dijo Castro.
Sin embargo, en Dallas, el diplomático cubano acreditado en
Washington, afirmaba que Cuba estaba transformando más cada
día su ``economía socialista'' para ponerla a tono con el
resto del mundo.
``Estamos tratando de abrirnos e insertar nuestra nación dentro
de la economía mundial'', subrayó Remírez.
Lo anunciado por Remírez en Dallas no parece estar muy de
acuerdo con lo afirmado por Castro en La Habana. Para el gobernante
cubano, Cuba debe mantenerse alejada de lo que calificó de
``hábitos de consumo occidentales'' impuestos por el imperialismo
norteamericano y pidió a los cubanos a mantener la economía
de la propiedad estatal: ``la bicicleta y los camellos'' como medios
preferidos de transporte.
Castro dijo que los medios oficiales de propaganda deben explicar
más `el origen del imperialismo', para que no se engañe la
gente con ``esa forma de batalla ideológica''.
Diplomáticos dicen una cosa y Castro otra
Copyright © 1998 El Nuevo Herald