Publicado el jueves, 13 de mayo de 1999 en El Nuevo Herald

DANIEL MORCATE

Crimen imperfecto

Al paso que llevaban ciertos engañabobos en La Habana y Washington, José Basulto iba a terminar acusado de derribar por sí solo las dos avionetas de Hermanos al Rescate (HAR). Guiada de la mano de manipuladores sin escrúpulos, la siempre crédula opinión pública estaba a punto de demonizar al presidente de HAR por la muerte de sus cuatro compañeros. Unos lo acusaban de ``provocar'' una acción defensiva del gobierno cubano. Otros atribuían a survivor's guilt sus denuncias contra funcionarios castristas y clintonianos. Pero de repente los acontecimientos han dado un giro radical. Y ese giro sugiere que Basulto tenía razón desde el principio no sólo al acusar a Cuba de asesinato premeditado, sino también al sostener que algunos funcionarios del gobierno norteamericano podrían estar directa o indirectamente implicados en el crimen.

Un jurado investigador de Miami estropeó la versión light de estos asesinatos horrendos, la favorita de la prensa norteamericana y de los cubanólogos de pacotilla, al acusar formalmente a espías castristas de haberlos perpetrado al cabo de mucha premeditación. El encausamiento alega que Gerardo Hernández, alias ``Manuel Viramontez'', Juan Pablo Roque y varios espías más conspiraron para ayudar a militares castristas a ejecutar en el aire a los miembros de HAR. Agrega que lo hicieron bajo la dirección de un oficial cubano identificado con el código MX que, según fuentes exiliadas, sería Eduardo Delgado Rodríguez, jefe de la Dirección de Inteligencia de la temible policía política de la isla. Y subraya que entre las labores ilegales de los espías estuvo la manipulación del FBI. Al menos dos de los 14 acusados, Roque y René González, alias ``Castor'', eran (des)informantes del FBI. Y como mínimo uno, Roque, cobró por la desinformación que le dio a la despistada agencia.

Los encausamientos son, sin duda, un paso significativo hacia la meta deseable de esclarecer los hechos y hacerles justicia a las víctimas, procesando a todos los responsables. Dadas las implicaciones políticas de la investigación, es admirable la valentía con que el jurado realizó su labor y produjo los primeros encausamientos. Cabe recordar que éstos se concretaron a pesar de la reticencia con que el gobierno del presidente Clinton ha respondido a las indagaciones sobre estos crímenes; de la facilidad con que los medios se tragaron la bola de La Habana y Washington de que Basulto y otros miembros de HAR ``se la buscaron''; y del lamentable candor de parte del público que, en charlas de sobremesa, cartas a editores y programas de micrófono abierto, repetía como papagayo lo que afirmaba la propaganda.

Estos encausamientos, sin embargo, deberían ser apenas el comienzo de una indagatoria más profunda. Que la acusación haya excluido a Fidel Castro sugiere que el jurado no logró librarse del todo, si no de las presiones políticas, al menos de las inquietudes por las posibles repercusiones de ir al meollo del asunto. Castro asumió en público la responsabilidad del derribo de las avionetas cuando lo presentó como una espontánea acción defensiva. El encausamiento expone, además, que se reunió dos veces con quienes tramaron la operación; y que, una vez consumado el crimen, condecoró a quienes lo perpetraron. Nadie debería sorprenderse de que nuestro gobierno prefiera jugar béisbol con Castro a importunarle con cargos de asesinato. Pero ya nadie debería dudar tampoco que tal acusación estaría legalmente justificada.

Una pesquisa a fondo respondería las siguientes preguntas incómodas para nuestro gobierno: ¿por qué en un principio las autoridades norteamericanas declararon que las avionetas de HAR habían sido derribadas mientras realizaban una misión en Cuba, aparentemente para recoger cubanos en la isla? (Esta versión, diseñada como coartada para un crimen perfecto, se desmoronó tan pronto regresó milagrosamente intacta la tercera avioneta que pilotaba Basulto). ¿Le proporcionaron los espías castristas esta desinformación al gobierno? Y si así fue, ¿por qué la creyó a pie juntillas?

Más preguntas tan fastidiosas como claves: ¿por qué el Pentágono sacó del estado de alerta a los F-15 de la Base Aérea de Homestead entre las 3 y 20 p.m. y las 3 y 35 p.m. del 24 de febrero de 1996, precisamente los minutos en que MiG cubanos derribaron las avionetas? (El Pentágono posee esta información, pero rehúsa divulgarla invocando el secreto de estado); ¿por qué el gobierno del presidente Clinton se empeñó en deportar a Cuba al refugiado Adel Regalado aun después que éste fuera absuelto de piratería aérea en la Florida? (Regalado huyó de la isla en un avión y contó cómo había presenciado las prácticas del derribo de avionetas y cómo, una vez cometido el crimen, los participantes en el ensayo fueron condecorados).

Ypor último se impone averiguar si Basulto pasó de héroe a villano en la prensa por pura estupidez de ciertos periodistas o por una campaña de desinformación orquestada por personas interesadas y embarradas.

Juéguesela al canelo que no habrá respuestas para muchas de estas preguntas mientras dure este gobierno. Tales son las connotaciones políticas y criminales de responderlas. Después de todo, el Departamento de Justicia, el FBI, el Servicio de Inmigración y el Departamento de Estado, entre otras agencias estatales, aún colaboran codo con codo con la dictadura que perpetró los crímenes. Y sin embargo la justicia definitiva para las víctimas dependerá, precisamente, de dar respuestas sinceras a estas interrogantes.

Copyright 1999 El Nuevo Herald