Publicado el domingo, 20 de junio de 1999 en El Nuevo Herald

Castro con armas bacteriológicas

ROBERTO FABRICIO
El Nuevo Herald

Las instalaciones cubanas de biotecnología `están llenas de zonas cerradas y secretas'

Mientras la atención del mundo ha estado fijada en la capacidad de Irak de producir armas bacteriológicas, a 90 millas de las costas de la Florida, Cuba cuenta con un sofisticado programa de estos armamentos con alta capacidad ofensiva a la sombra de su industria de biotecnología médica, reconocida en el mundo entero.

Esto lo revela un experto en guerra bacteriológica de la ex Unión Soviética con todas las credenciales de haber sido el principal asesor del Pentágono y la CIA en el tema.

El programa de armamentos bacteriológicos cubano es tan desarrollado y moderno que el ex coronel del Ejército Rojo, el doctor Ken Alibek, dice que en esta disciplina la isla caribeña está a la altura de cualquier país europeo o de los mismos Estados Unidos.

``No se puede decir que hoy por hoy Cuba sea un país subdesarrollado en esta disciplina, en realidad Cuba posee un programa altamente sofisticado de biotecnología y de desarrollo molecular que hace casi 10 años produce armamentos bacteriológicos'' dice Alibek en una entrevista.

En 1990, cuenta Alibek en su libro recién publicado Biohazard (Peligro Bacteriológico), el mayor general soviético Yuri T. Kalinin visitó Cuba. Las credenciales de Kalinin y las razones de su visita lo pusieron en el corazón del complejo cubano de biotecnología.

Kalinin era el jefe del primer directorio del buró político soviético, y viceministro de la industria médica y microbiológica de la Unión Soviética.

Cuenta Alibek en su libro: ``Kalinin fue invitado a Cuba en 1990 para discutir la creación de una nueva planta de biotecnología que aparentemente iba ser dedicada a las proteínas de célula sencilla. Pero volvió convencido de que Cuba ya tenía un programa de armamentos bacteriológicos muy activo''.

Alibek explicó que el programa cubano se modeló como una réplica del programa soviético, de donde se desprendió en 1981 cuando Fidel Castro convenció al entonces líder soviético Leonid Brezhnev de que ayudara a Cuba con su propio programa.

El coronel Alibek desertó del programa soviético de armamentos bacteriológicos en 1992, cuando era su subdirector, y pasó varios años en Washington como consultor del Departamento de Defensa y de la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos (CIA). Hoy en día trabaja para una industria de Virginia que produce defensas contra los armamentos bacteriológicos para EU.

En su libro Biohazard, que acaba de ser publicado por Random House, el doctor Alibek revela gran parte de los secretos militares que le proveyó a las autoridades norteamericanas cuando desertó.

Alibek dijo que sus revelaciones están motivadas por la intención de ``tratar de reparar de alguna forma el daño que hice y porque me siento obligado a alertar al mundo sobre esta amenaza.''

Las armas bacteriológicas están concebidas a partir de organismos vivos, ya sean bacterias o virus que atacan a los seres humanos hasta destruirlos. Con el desarrollo de la ingeniería genética, en la que Cuba ha desarrollado una tecnología de avanzada, se han inventado bacterias y virus que han logrado superar las más avanzadas vacunas o antibióticos, de hecho convirtiéndose en armas bacteriológicas sin antídotos.

Entre las armas bacteriológicas más mortíferas de moda están Ebola, Marberg, tularemia, plaga neumónica, brucelocis, ántrax y la viruela.

La ventaja logística y estratégica que le ofrecen a un país pobre como Cuba los armamentos bacteriológicos es que una cantidad pequeña de material distribuido con aerosoles o en pequeñas bombas del tamaño de un libro de teléfono puede afectar a una zona del tamaño de varios estados y contagiar y potencialmente matar a miles de personas.

El gobierno cubano no ha hecho declaraciones sobre Alibek, y aunque oficialmente niega tener la capacidad de fabricar armas bacteriológicas, el año pasado Castro hizo una dramática amenaza a los Estados Unidos. Dijo que si atacaban a Cuba, ``se envenenarán con la sangre de esta mansa oveja''. Esto fue interpretado como una amenaza de guerra bacteriológica.

Pero no todo el mundo piensa que Cuba fabrica armamentos bacteriológicos en sus plantas. El científico norteamericano Harlyn Halvorson de la Universidad de Massachussetts, que ha visitado a Cuba varias veces, ha escrito varias disertaciones sobre la industria biotecnológica cubana a la que alaba generosamente.

Un médico cubano especializado en microbiología, que salió de Cuba hace varios años y que conoce las plantas cubanas piensa que es sumamente ilógico que en las mismas plantas en que se desarrollan curas y medicinas se estén fabricando armamentos bacteriológicos.

``Sería una locura'', dice el médico, ``porque los sistemas de filtración y de separación de zonas pudieran contaminarse''.

Pero aunque públicamente funcionarios del gobierno norteamericano no han hecho comentarios sobre el libro de Alibek, en privado fuentes militares y de inteligencia caracterizaron la información de Alibek como correcta.

``Nosotros tenemos amplia información sobre el programa de armas bacteriológicas de Cuba y nos consta su peligrosidad'', dijo una fuente militar. ``No estamos ausentes ni ignoramos la capacidad que tienen los cubanos pero no es algo de lo que se habla en alta voz''.

Una fuente de inteligencia dijo, ``todo esto lo sabemos nosotros hace tiempo, pero se ha considerado muy delicado para discutirse públicamente ... a nivel político no va con las metas de mantener las relaciones con Cuba estables por lo potencialmente volátiles que son''.

Ya en mayo del año pasado el Secretario de Defensa William Cohen notaba en lenguaje parco y tenso la peligrosidad del programa militar bacteriológico de Cuba, al mismo tiempo que le restaba importancia a las fuerzas armadas cubanas como amenaza militar a EU.

Bajo el título de Amenaza de Guerra Biológica, Cohen en su informe señalaba: ``Con su conocimiento y sus instalaciones, Cuba pudiera contar con un programa de armamentos biológicos de naturaleza ofensiva por lo menos en su etapa de investigación y desarrollo. La industria biotecnológica de Cuba es una de las más avanzadas en los países en desarrollo y tendría la capacidad de desarrollar agentes de armamentos biológicos''.

Analistas políticos y fuentes militares explican que muy a pesar de la preocupación del Pentágono sobre este tema, la meta tanto militar como política de EU es de no crear tensiones o amenazas percibidas o imaginarias a Castro y a los militares cubanos.

``Es un tipo peligroso y se le considera capaz de cualquier cosa si se encuentra atrapado'', dijo un militar. ``No olvidemos que este es el mismo hombre que le insistió a Khruschev que lanzara los cohetes contra nosotros durante la crisis de los misiles del (19) 62''.

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