Castro tendió la emboscada
El derribo
de aviones de Hermanos al Rescate: segunda parte
¿Llegaron a tres minutos de la costa de Estados Unidos dos cazas supersónicos de un país que llama a Estados Unidos ``el enemigo''? ¿Estuvieron a tres minutos de Estados Unidos dos cazas de una fuerza aérea que acababa de destruir dos avionetas inscritas en Estados Unidos y de matar a sus cuatro tripulantes?
Por supuesto que no, dice el Departamento de Defensa. Pero gran cantidad de la información generada por el ataque cubano del 24 de febrero de 1996 deja margen suficiente como para que los Hermanos al Rescate cuestionen esa conclusión. Desde el derribo, su trabajo de investigación ha obligado al Pentágono a revelar otros detalles previamente desconocidos sobre lo que los funcionarios norteamericanos sabían e hicieron el día del derribo.
Para José Basulto, cofundador y presidente de la organización, y piloto del avión sobreviviente, la posibilidad de que los MiGs casi llegaran a la Florida, sin que ningún caza norteamericano despegara para responder, reafirma su teoría de que el gobierno estadounidense deliberadamente permitió el ataque cubano.
``Todo indica que el gobierno de Clinton intenta encubrir la verdad mediante silencio, contradicciones, falsedades y la conveniente invocación de la `seguridad nacional' '', escribe Basulto en la introducción de una colección de documentos de 1.5 pulgadas de ancho relacionada con el derribo. ``Nosotros creemos que las respuestas a nuestras preguntas pueden revelar no sólo negligencia criminal por parte de altos funcionarios norteamericanos, sino también colaboración con el gobierno cubano en el derribo, así como el riesgo en que se puso la seguridad nacional de Estados Unidos''.
El Departamento de Defensa dice que los MiGs que persiguieron a Basulto nunca estuvieron a menos de 60 millas de Cayo Hueso, 10 millas menos de la distancia a la que los cazas norteamericanos hubieran salido a interceptar aviones posiblemente hostiles, según la Fuerza Aérea. En resumen: la seguridad de Estados Unidos nunca estuvo en peligro.
Un informe de la Organización Internacional de la Aviación Civil dirigido a Naciones Unidas esencialmente llega a las mismas conclusiones en cuanto a cuán cerca llegaron a estar los MiGs, así también como un analista independiente que examinó el problema por encargo de un recio crítico del gobierno de Clinton, el representante republicano Dan Burton, de Indiana, cuya subcomisión del Hemisferio Occidental celebró audiencias sobre el derribo.
``Estaban muy al sudoeste de Cayo Hueso, a unas 65 millas'', dice Mike O'Rourke, que fue controlador militar aéreo e investigador de la Junta Nacional de Seguridad del Transporte. ``No vi peligro (para Estados Unidos)''.
Con todo, el diálogo entre los pilotos de los MiGs y sus controladores de tierra, que fue publicado poco después del derribo, junto con la información del radar que siguió la retirada del Cessna azul y blanco hacia la Florida, también hecha pública, puede leerse como prueba de que los cazas cubanos estuvieron mucho más cerca.
``¿Usted me informó que era azul el color?'', pregunta el controlador a uno de los pilotos.
``Azul claro y blanco'', responde éste. Segundos antes, el controlador le dijo a uno de los pilotos: ``El objetivo lo tiene detrás suyo, por su izquierda''.
Para Orestes Lorenzo, un piloto de caza cubano que desertó y luego hizo una audaz incursión aérea dentro de Cuba en 1992 para rescatar a su familia, el significado está claro: los rápidos MiGs habían sobrepasado su objetivo. ``En ese instante los pilotos cubanos estaban más cerca de Cayo Hueso que Basulto''.
Tras el diálogo sobre la apariencia de los Cessnas, el controlador le dijo a uno de los pilotos: ``Objetivo a la izquierda, distancia cuatro''. En el argot de los pilotos cubanos, según Lorenzo, eso significa que el objetivo está a 4 kilómetros, 2.4 millas, de distancia. Momentos más tarde, el controlador cubano ordenó el regreso de los pilotos.
A las horas dadas para esa parte de la conversación entre los pilotos y el controlador, Basulto estaba a poco más de 35 millas sur-sudoeste de Cayo Hueso, afirma Gary Fairman, un experto en radar de la Embry-Riddle Aeronautical University en Daytona Beach, que no tiene relación con las controversias sobre el derribo y que revisó la información del radar para El Nuevo Herald.
Los expedientes del radar de la Fuerza Aérea de Estados Unidos sobre la retirada de Basulto tras el ataque de los MiGs fueron revelados durante el proceso de la Administración Federal de la Aviación destinado a revocar la licencia de Basulto. Los expedientes del radar de los MiGs que persiguieron a Basulto no han sido dados a la publicidad.
A O'Rourke, el consultor de la subcomisión de Burton, se le preguntó cómo podrían estar hablando los pilotos de los MiGs sobre el aspecto de los Cessnas si estaban demasiado lejos para poder verlos. Su opinión es que los pilotos y el controlador estaban ratificando entre sí la información que ya tenían sobre el avión de Basulto. Que estaban bien informados se deduce, según dice, de que los MiGs estaban esperando al trío de los Hermanos exactamente hacia donde éstos se dirigían, algo con lo que están de acuerdo todos los que han estudiado el caso.
``Sabían dónde iban a estar y cuándo iban a estar allí; los MiGs despegaron y dieron la vuelta al área'', dice O'Rourke. En un examen del caso en 1996, la Organización Internacional de la Aviación Civil reportó que los MiGs habían despegado apresuradamente 18 minutos antes de que los aviones de Hermanos cruzaron el 24 paralelo, que está unas 48 millas al norte de Cuba, marcando la frontera norte de la Zona de Identificación de la Defensa Aérea de Cuba, pero no territorio cubano.
Funcionarios norteamericanos han reconocido a El Nuevo Herald que Estados Unidos estaba consciente de las prácticas cubanas en las que los MiGs ensayaban la interceptación de aviones lentos. Durante los últimos meses, un refugiado cubano que llegó a Estados Unidos a mediados de 1996 en un avión del que consiguió apoderarse junto con algunos amigos, ha estado diciendo a las autoridades norteamericanas que una semana antes había presenciado lo que resultaron ser prácticas para el derribo.
Adel Regalado, de 25 años, que dice haber trabajado para Aero Taxi, una compañía estatal cubana de vuelos fletados para turistas, le dijo a El Nuevo Herald que un amigo suyo estaba a bordo de un Wilga, un avión polaco de un solo motor, cuando uno o varios MiGs volaron cerca y sobre el mismo durante unas tres horas sobre el mar al norte de La Habana, en maniobras organizadas por oficiales de alto rango de la Fuerza Aérea Cubana. Tras el derribo, dice, la tripulación del Wilga recibió un homenaje de los militares.
Regalado y sus dos amigos fueron liberados por un juez de inmigración que falló que no eran secuestradores de aviones. Pero el Servicio de Inmigración y Naturalización está apelando la decisión, alegando entre otras cosas que no habían establecido una ``clara probabilidad'' de que sus vidas o su libertad estuvieran amenazadas en caso de ser devueltos a Cuba.
La apelación del gobierno sólo profundiza las sospechas de Basulto, un veterano de Bahía de Cochinos de 58 años. Basulto no oculta sus discrepancias políticas con el gobierno de Clinton y su profundo escepticismo sobre el papel de Estados Unidos en los asuntos cubanos, tanto en la isla como en los mismos Estados Unidos. Cualesquiera que sean sus motivos, sin embargo, él y sus socios desenterraron pruebas que obligaron al Departamento de Defensa a cambiar la versión de sus acciones el día del derribo.
Menos de una semana después del derribo, el principal vocero del Pentágono, Kenneth Bacon, anunció que cazas norteamericanos en la Base de Homestead habían estado listos para el despegue, con los motores encendidos, mientras los MiGs cubanos se acercaban al paralelo 24. Pero la alerta fue cancelada cuando los cubanos viraron hacia el sur, dijo. Y añadió que las autoridades estaban investigando lo que los militares sabían sobre el ataque y cuando lo supieron.
Luego, el 27 de julio de 1996, un especialista en radar del Centro de Coordinación e Interceptación Aérea Nacional del Servicio de Aduanas en la Base de la Fuerza Aérea March en California, testificó ante la Junta de Seguridad Nacional del Transporte durante el proceso para determinar la revocación de la licencia de Basulto.
Veinte minutos después de que los aviones de Hermanos cruzaron el paralelo 24, declaró Jeffrey Houlihan, uno de los MiGs que él ya había observado estaba maniobrando alrededor de los aviones miamenses. A las 3:17 p.m., Houlihan agarró el teléfono y llamó al Sector Sudeste de la Defensa Aérea del Comando de la Defensa Aérea de Norteamérica. Allí estableció contacto con un técnico.
``Dije: `A mí parece que un MiG 23 se está dirigiendo directamente a Estados Unidos. Creo que es importante'. Y él me respondió que sí, `nos estamos ocupando, no se preocupe' ''.
Houlihan, un ex controlador aérea de NORAD. estimaba que los cazas estacionados en Cayo Hueso pudieran haber estado en el lugar en cinco minutos. El primer avión de Hermanos, con Carlos Costa y Pablo Morales a bordo, fue derribado a las 3:21 p.m; el segundo, que llevaba a Mario de la Peña y Armando Alejandre, a las 3:28 p.m.
Tras los extensos reportes sobre el testimonio de Houlihan, la versión del Pentágono se hizo más detallada. Entre otras aclaraciones, los militares concedieron que los F-15 de Homestead fueron sacados de su alerta durante 15 minutos, entre las 3:20 y las 3:35 p.m., precisamente el intervalo en que fueron derribados los aviones.
La ``confusión de comunicación'' surgió de un error de lectura de una orden del cuartel general de NORAD, que planteaba que los aviones norteamericanos ``no debían ser provocativos''. Pero el cuartel general no sabía que los MiGs estaban en el aire. ``Este fallo en el control de mando no tuvo impacto sobre el resultado de los eventos del día''.
En respuesta a las preguntas, hechas a nombre de Basulto, por los representantes Ileana Ros-Lehtinen y Lincoln Díaz-Balart, republicano por Miami, el inspector general del Departamento de Defensa escribió el 28 de diciembre que el Pentágono examinó todos los temas en dos reportes, ambos clasificados como ``Secreto y con información delicada''.
El oficial añadió: ``Tenemos que notar que las
clasificaciones de la seguridad nacional nos prohíben suministrar
respuestas detalladas a muchas de la cuestiones planteadas por el
señor Basulto''.
Copyright 1999 El Nuevo Herald