Cambia el paso
Los extremistas no tuvieron oportunidad de calificar a los cubanos de intolerantes.
Buscaron inútilmente al ``lobo feroz'' Luis Posada Carriles, el único terrorista septuagenario con un récord impecable de complots que no funcionan. O a los ``tres cerditos'', esas fuentes anónimas que cuentan a los reporteros detalles de atentados que nunca suceden.
Los extremistas parapetados tras la tragedia nacional cubana no la pasaron mejor. Lo único que quedó claro de la razonable protesta ante MIDEM fue la protesta misma. Pero los argumentos en los que basaron su manifestación son confusos, falaces y contradictorios.
Sirva de consuelo que el gobierno isleño también fracasó. Su deseo de dividir a los cubanos de dentro y fuera, y de presentar a los miamenses como reaccionarios no tuvo eco. Fracasó su intento de convertir a Miami en zona para mendigar.
No hubo intolerancia ni recogida de dólares. Esto contribuye a que el sector centrista, mayoritario, gane confianza en la efectividad de elección del terreno (la cultura) donde se ejerce influencia sobre la sociedad civil cubana.
La prensa de Miami, en general, hizo un trabajo defectuoso. Hay unas preguntas legítimas que se hacen los miamenses sobre la actividad de MIDEM que la prensa --hasta donde pude ver-- no investigó cabalmente.
Es razonable que algunos desconfíen de MIDEM. La organización es de carácter comercial, no cultural, y se percibe como desdeñosa de los cubanos de Miami y favorable --lógicamente-- a sus clientes, las empresas que junto al gobierno cubano contribuyen a la explotación del músico isleño.
Existe otra percepción según la cual, la presentación de los músicos es utilizada localmente por individuos para enfrentarse a los cubanos de Miami que favorecen el embargo contra el régimen de La Habana, como parte de la guerra cultural norteamericana que convierte a los anticubanos (liberales, demócratas, contra el embargo) en cruzados luchadores contra el terrorismo, la intolerancia, el atraso y la irracionalidad (conservadora, republicana, a favor del embargo). La prensa no pudo aclarar que hay de cierto tras estas percepciones, al contrario, ayudó a la confusión.
Aspectos noticiosos y de interés humano quedaron fuera de la curiosidad periodística. Por ejemplo, no se hizo un perfil de la vida de los músicos y lo contrastó con la vida que llevan sus homólogos fuera de Cuba. Siendo los únicos músicos en el hemisferio que se dice que tienen que dar una comisión al estado por sus ventas no se investigó el tipo de transacción que se realiza con el gobierno, ni con las casas disqueras.
Los medios no cuestionaron a MIDEM su sinceridad sobre su compromiso con la cultura ni con la libertad de expresión. No hubo gestos que lo mostraran.
Muchos lectores nunca tuvieron claro, al parecer, que los músicos no cobrarían por sus presentaciones, que éstas no eran abiertas al público y que el propósito era promover sus discos, que se pueden encontrar en los anaqueles de las tiendas de Miami. Si esto hubiera quedado claro, no creo que habría mucho motivo de desconfianza, ni temor ante el evento, y menos protestas. Cualquier manifestación hubiera tenido que afinar mucho su mensaje.
Al dejar la prensa este vacío informativo, permitió que los extremistas (a ``izquierda'' y ``derecha'') se apropiaran de los medios y los sacudieran a su antojo.
No voy a poner ejemplos, para que mis colegas no se sientan ofendidos. Lo importante es señalar que estos temas en los que se mezcla la guerra cultural norteamericana, con la causa de la libertad de Cuba, en el terreno de la cultura y sociedad cubana deben abordarse ofreciendo la mayor cantidad de información posible.
Creo que lo que subyace bajo la manifestación contra MIDEM es la injusticia contra los cubanos. No hay reciprocidad en el intercambio de artistas isleños, y se permite una lectura política de la actividad cultural. Algunas veces los responsables son los que invitan a los músicos, y en otra ocasión los músicos exhiben su doble moral en Miami, diciendo una cosa en público y otra en privado. Finalmente, la radio de Miami contribuye a esto metiendo todo en un mismo saco. Pero nadie esgrimió estos argumentos.
Los que ven en el campo cultural una de las mejores vías de acercamiento entre las dos partes del pueblo cubano han tenido un nuevo éxito esta vez. Todo encuentro implica un riesgo, y existe un temor razonable. El mensaje de solidaridad y de apoyo moral, a la vez que destruimos la imagen de intolerantes y reaccionarios, tiene un precio. Hay que pagarlo. No se puede tener miedo.
La prensa y los extremistas deben comprender que un nuevo cuerpo de ideas, una nueva visión de lo cubano y unos nuevos cubanos están imponiendo su presencia aquí y en Cuba.
Oigan el consejo de una vieja canción cubana que dice ``cambia el paso, que se te rompe el vestido''.
Copyright © 1998 El Nuevo Herald