Publicado el jueves, 1 de octubre de 1998 en El Nuevo Herald

Caldea el ambiente católico la presencia de `nuevos conversos'

DENIS ROUSSEAU
Agence France Presse

La Habana -- La llegada de los ``nuevos conversos'' produce roces en la iglesia cubana y los católicos que afrontaron la hostilidad del régimen comunista sufren en ocasiones una situación ``traumática'' al coincidir en misa con uno de sus antiguos perseguidores, revela el último número de la revista Palabra Nueva de la arquidiócesis de La Habana.

La visita a Cuba del Papa Juan Pablo II en enero pasado motivó a numerosos cubanos a interesarse por la Iglesia, después de más de 30 años de ateísmo oficial y militante (la adhesión de un creyente al Partido Comunista sólo fue posible desde 1993), aseguran los medios eclesiásticos cubanos.

Los católicos ``históricos'' guardan aún un mal recuerdo de la época en que ``profesar públicamente su fe era mal visto por la mayoría y podía provocar, y de hecho provocó, consecuencias desafortunadas''.

En ese pasado aún reciente ``siempre había un dedo apuntándonos, una voluntad capaz de cerrarnos alguna puerta o algún `padrino' que `nos atendía' para ayudarnos, en el mejor de los casos, a salir de nuestro `problema ideológico' '', recuerda el director de la revista, Orlando Márquez.

No es extraño, entonces, que el malestar sea perceptible en las iglesias cubanas con la llegada de los ``nuevos conversos, cuya ética, criterios, lenguaje difiere del de los históricos'', expresa Palabra Nueva.

Sin embargo, se equivocan aquellos ``históricos'' a quienes choca la utilización del término ``compañero'' (la versión cubana de ``camarada'') por los recién llegados ya que, asegura la revista católica, fue utilizado en el seno de la Orden de los Jesuitas, de la cual fue alumno el gobernante Fidel Castro.

``Lo traumático es comprensible, pero no lo es permanecer en el trauma'', advierte Palabra Nueva a los ``históricos'', al recordar que el Padre del Evangelio se regocija con el regreso del hijo pródigo, o que el Buen Pastor no ceja en recuperar las ovejas descarriadas.

La revista católica llama así a sus fieles a ``no lamentarse ni evocar un pasado que no regresará'' y a acoger a los nuevos creyentes, aún cuando su fe pueda parecer insegura.

Se trata, indica Palabra Nueva, de sentirse ``feliz de vivir la hora presente de esta Iglesia en este país en que las fuerzas de cambios, reales, que suceden en la sociedad, llegan también a la Iglesia, anticipo tal vez de cambios más universales a escala nacional''.

De hecho, el panorama de las religiones cubanas se ha puesto patas arriba después de decenas de años de ostracismo, como lo reflejan las quejas de un ``babalao'' (sacerdote de las religiones sincréticas afrocubanas) ante monseñor Carlos Manuel de Céspedes, vicario episcopal de un barrio de La Habana:

``Padre, lo que hay ahora en Cuba es una verdadera cochambre. La gente lo mezcla todo. Ya no se sabe quien está en ocha, quien en palo, quien en kimbisa, quien es católico o espiritista y ni siquiera quién está en todo eso y, al mismo tiempo, es miembro del Partido y ha firmado una planilla en la que afirma que es ateo'', indica monseñor de Céspedes, en otro artículo de Palabra Nueva.


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