Marzo 27, 1998

Bloqueo y folklore

por Manuel Vázquez Portal, agencia de prensa Decoro

LA HABANA, marzo - La coplería rural cubana es de una gracia y una sabiduría incomparable. Conformada principalmente por décimas, cuartetas y redondillas, recorre el amplio espectro de la nacionalidad con la simpatía de la sencillez y la hondura. Va desde lo puramente bucólico hasta lo filosófico, que no por pedreste deja de ser certero. Contiene desde lo hilarante hasta lo patético y sobre todo el reflejo auténtico de la idiosincrasia nacional.

El guajiro la guarda en su memoria como una fuente de analogía y por tanto de conocimientos. Si un campesino cubano quisiera patentizar la situación actual de Cuba no cantaría nada más que aquello:

Me bañé con agua sola,

me sequé con un trapito

y me quedó un olorcito

como los monos de Angola.

Pero, si quisiera hablar de la egolatría, de la presunción, la pedantería y el capricho, entonces en su vieja guitarra entonaría:

Aquel que nunca fue cosa

y que cosa llega a ser,

quiere ser tan grande cosa

que no hay cosa como él.

Y si ese mismo guajiro quisiera referirse a la inconformidad permanente y resoluta, empecinada, volvería a tomar el tres y cantaría:

Cójeme esa tora pinta,

hija de la vaca mora,

que si no la ordeñan llora

pero si la ordeñan grita.

¿No se parece excesivamente esta coplita cubana a la actitud del actual gobierno frente al embargo económico decretado por Estados Unidos?

Llevan 37 años pataleando por la suspensión. No hay una reunión cumbre, tribuna de parque, donde no se vocifere sobre el dichoso bloqueo. Recuerdo que después de los sucesos de febrero de 1996, cuando se decidió suspender los vuelos directos a La Habana y el envío de dinero a los familiares por parte de la comunidad cubana, el escándalo fue de padre y muy señor mío. Ahora el gobierno de Estados Unidos ha asegurado que se reiniciarán los vuelos y se les permitirá a los familiares volver a apuntalar a los parientes de acá que pasan las de Caín, y el zafarrancho no ha cesado desde que la señora Albright anunciara la nueva buena.

El caso es que no hay arreglo con esta gente. Si aprietan la mano lloran y si la aflojan gritan y detrás de todo esto hay una sola verdad: El gobierno cubano está en un atolladero insoluble, su ineficiencia económica los ha metido en un callejón sin salida, no hay dinero, y sin dinero no se puede estimular el crecimiento del bruto nacional. Si no crece el bruto nacional, no habrá dinero para pagar y dentro de esta noria se ha revuelto una y otra vez el tema del bloqueo. Pero no es el bloqueo realmente el meollo del asunto, el bloqueo en el fondo sirve como justificación para la ineficiencia. El centro de la cuestión está en el acceso al crédito. Cuba no tiene acceso al crédito internacional y quiere tenerlo. Pero ¿quién puede dar empréstito a un país incapaz de hacer crecer el bruto nacional?

Y ahí es donde aparece el fantasma del bloqueo. Bloqueíto pa'quí, bloqueíto pa'llá. Pero ¿qué es lo que quieren? ¿Que Estados Unidos les dé los créditos que nadie les da? Bueno, pues para eso hay que ponerse de acuerdo y parece ser que la mesa ya está servida, cambios, transición y así se demostrará que lo que se ama es al pueblo, no al poder. Porque de lo contrario hay otra coplita muy cubana ella, escrita allá por el año 69, que el pueblo se verá obligado a seguir cantando:

Cuando termine este año

del esfuerzo decisivo,

cubano que quede vivo

se quedará sin tamaño.

Y no te parezca extraño

que te racionen el agua,

y ya verás una guagua

arrastrada por un mulo

con un letrero en el ...

que diga Morón-Cunagua.